23 de noviembre de 2014
14 de agosto de 2014
El hombre sumergido
Y casi hundido, pero vivo. Es verano, lo detesto y me escondo. Sumergido en mi mundo sin querer saber nada de sombrillas. Por eso llevo un paraguas; por si llueve y hay notas de colores. Me sumerjo porque huyo de la masa. El secreto no está en la masa. Y llevo puesta una pajarita que me da aspecto de idiota y saludo a algunos seres perdidos que pasean también sumergidos. Los ciudadanos de la superficie son como los muñecos de los semáforos. Ellos hablan de fútbol y yo me sumerjo. Las paellas en la playa agotan mi paciencia y me quitan las esperanzas en la raza humana. Una pareja de recién casados ha muerto acribillada a insultos que decían la verdad. Esto es poesía, amigo, es lo que hay, y si no te gusta vete a la playa, allí todos son iguales. Soy un hombre sumergido y además llevo un paraguas; eso me distingue. Espero que el temporal veraniego de ahí afuera termine de una vez para poder salir a la superficie, sonriente y con el revolver cargado para comenzar una revolución. Todo lo demás no me importa. Volarán por lo aires el señor presidente y sus ministros, las bodas y las chanclas de playa, los niñatos ruidosos y sus coches modernos, las discotecas y las fiestas de pijos nocturnas. Hasta entonces estoy sumergido, veo lo que hay y espero, con mi paraguas y una estúpida pajarita en el cuello, a que llegue la revolución de una vez por todas.
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lupo sol
8 de enero de 2014
Cadena de televisión

El caso es que sorprende bastante las caras que tienen, miren ustedes. No es ya que sean feos, que sin duda lo son, si no la expresión de enfado que muestran, de ceño fruncido, de malestar, por no acabar diagnosticando de manera definitiva una notable frustración sexual, que salta a la vista en menos que canta un gallo.
He escuchado un poco de lo que dicen, opinando como buenamente pueden sobre cosas del gobierno, de la pseudopolítica española, de los catalanes, de los vascos y qué se yo, de montón de cosas que suelen salir en los titulares de los periódicos que hay en los quioscos de la capital de españa, aunque como casi todo el mundo sabe ya, la mayor parte de esos periódicos no dicen la verdad ni en el numerito de la página.
Siguiendo con estos personajes que salían en esta cadena de televisión tan bonita, he de decir que me da un poco de pena verlos, pues pienso que deben haber sufrido mucho en esta vida, ¡si solo hay que mirarles a la cara! Pobrecitos, tan serios y así como tan resentidos de todo... es una pena, yo creo que deberíamos ayudarles, tenderles la mano, pues también son personas aunque no lo parezcan, acogerles, pues en este país cabemos todos y no hay por qué estar mal.
Imagínense las cosas que son capaces de decir, auténticas majaderías, sin lugar a dudas, que muestran una falta total de tolerancia y de comprensión dignas del primate más bruto pero ahí los tienen, ¡nada menos que en una cadena de televisión!. También han dicho algo sobre la iglesia y el papa y otra serie de estupideces muy características de la españa antigua y zombi de hace cincuenta años. Claro, ahora les comprendo más, pobrecitos, ¡son católicos! imagínense ustedes qué represión han debido de sufrir en la vida, represión sexual absoluta y vaya usted a saber si no han sido víctimas de abusos en la infancia por parte del mismísimo párroco del barrio ¡con las cosas tan feas que ha hecho la iglesia y la religión en general!
Pues ahí les tienen, un canal propio para ellos, hala, que también son hijos de dios; del suyo, claro está.
Yo en su día quise hacer un canal de televisión con unos amigos, hace mucho tiempo, pero la cosa no pudo salir adelante, ¿ven? y eso siendo inteligentes y con ideas, y mira estos que son así, con esta minusvalía y salen por la tele aunque sea a decir bobadas, pero ahí pasan el rato, los pobres...
18 de diciembre de 2012
Reunión de vecinos

Ocho de la tarde y ya es de noche. Hoy toca reunión de vecinos. Se han de tratar algunas cuestiones: las obras para el ascensor, el agua de la vecina del tercero que no deja de caer, el sistema inmunológico de los batracios durante la menopausia y todas las cosas que nos gustan.
Mis avances en el arte del dibujo me sorprenden a mí mismo y éste que les muestro es un retrato fiel, hiperrealista, casi fotográfico, de lo que es la reunión de que les hablo.
Jacinto, Rosi, Darío y otros señores casi decentes se forman en círculo y comienzan a gritar. Eso es lo primero que debe hacerse en una auténtica reunión vecinal. No hay niños, no hay lugar para ellos ahora, estorban. En realidad casi todos estos señorones y señoronas de edad avanzada están quemados el uno por el otro.
Están hartos de oir discutir a gritos a los hermanos, hijos de Rosi, del segundo centro. Todos saben que andan metidos en drogas. Al pequeño de ellos se le oye berrear por el patio, y es imposible de distinguir lo que dice pues no vocaliza, a causa de los nervios y de tanta ira que dispara hacia su hermano. Insulta a su madre y muchos ya se imaginan que es por eso; porque es un cocadicto y que además vende. Todos los domingos por la mañana tienen jaleo.
Darío, del primero centro, está sordo y puedes oir su televisión a la una de la madrugada tranquilamente, como si la tuvieras en tu propia casa. Por eso, los demás vecinos del primer piso han bajado a la reunión deseosos de increparle e incluso es posible que alguno de ellos vaya armado con algún objeto punzante y dañino, esperando la ocasión, el mínimo desaire del señor Darío, para abalanzarse sobre él y aplicarle una merecida sesión de acupuntura despiadada y vecinal.
¿Qué decir de los perritos? Tampoco aquí hay lugar para ellos. Pero cada vez hay más en este edificio. Están de moda. Y los perros rascan en el suelo a las siete de la mañana y eso molesta.
Hay ganas de ajusticiamiento para esa pareja de vecinos jóvenes que ha llegado hace un par de meses escasos al vecindario. Tal vez sean recién casados pero el caso es que tienen un perrillo de esos, tipo bulldog, o como se llame esa raza de perro enano y feo. Y el perro mea donde no debe. Ella es guapa y parece simpática. Tiene una estupenda y repelente voz de pito, pero la toleran porque es pelirroja. El maromo es un nota con cara de gilipollas, como casi todos los jóvenes modernos, y gasta trazas de tipo vulgar, hecho a molde. Pero tiene coche, y quién sabe si a lo mejor carrera, y eso ya parece ser suficiente para tener hacia él mayor consideración que hacia otros.
La vieja del cuarto ha destrozado el tendedero de ropa de los del tercero porque se le ha caído un tiesto, y ahora dice que ella no ha sido, ni era su tiesto ni era nada. Se la ve que no es muy lista, aunque en realidad da pena, porque tiene que soportar a un marido alto, con boina, e intoxicación etílica permanente. Una vida de aquellas vidas. Soporta a un alcohólico y encima hazle la comidita todos los días.
Los del primero izquierda, que eran una pareja de mediana edad con dos niños, se han ido sin pagar la renta. Una rubiasca con cara de mala leche que caía fatal a todo el mundo. Y el marido, otro soplanucas de la misma cuerda. Con las llaves del coche siempre en la mano y una melenita estúpida y rizada, lo cual es intolerable. Su casa se llenaba de gente, seguramente porque también vendían drogas, o a lo mejor eran amigos, igual de babosos que ellos.
La pobre vecina del quinto es viuda y tiene un hijo mongoloide. Una pena. Seguramente se salve de la quema. El chaval fundará un nuevo hogar con una novia gordísima que tiene y serán los dos tan infelices como el resto. A fin de cuentas, es a lo que todos aspiran.
Ciertamente hay mucho tonto rematado. Pero también hay algunos cabales. La del segundo derecha es una joven viuda con dos hijos, niño y niña, y es muy simpática, buena gente. Recuerdo cuando el chico cantaba a grito limpio canciones de moda realmente insoportables. Sin duda el niño es algo marica porque cualquiera no canta esas cosas. Por lo visto dejó de verse atraído por el mundo de la canción ligera y ahora tiene un perrito, cómo no, que molesta igualmente.
La gente es la gente. La vida es así. La vida es esto. Nadie quiere pagar el ascensor, por supuesto. Pero lo pagarán. Se oyen gritos durante todo el acto. Da lo mismo quién y cuánto griten, nadie hará caso de nadie pero todos acatarán y pagarán. El fontanero arreglará lo necesario para que no vuelva a haber goteras en ningún cerebro.
Dos horas de reunión y se masca la tragedia. Me conformo con trazar unas líneas más y rematar la obra que les muestro. Es suficiente y estoy cansado.
Solo quería mostrarles lo vulgar de esto que llaman vida. Una vida colmenera y ruin. El portal, los vecinos; todo tan entrañable. Esto, tan solo una muestra ligera, sin muchos más detalles, lo escribo en memoria de mis antiguos vecinos.
No sé, de todos modos creo que no hay futuro sin reunión de vecinos. Ahora ya no queda nada. Adiós.
26 de noviembre de 2012
Un picnic genial

No recuerdo una primavera como aquella. Ni un día primaveral tan agradable y lindo. Tan lleno de felicidad.
Era una tarde de mayo. El cielo era blanco y no teníamos otra cosa mejor que hacer que salir a ver la hierba, la ría, el paisaje industrial.
Deseábamos morir para nacer de nuevo, alegres, radiantes, y vestidos con trajes a rayas, tal y como vestían los gangsters en las películas de cine negro; nuestro cine.
Todo fue natural y fácil. No hubo más que vestirse, recoger algunas cosas e irnos a las afueras, donde ya todo es de color de hierro oxidado y el cielo del mismo tono grisáceo que nuestra sangre.
Ella adoptaba todas las posturas típicas de una actriz, en tal o cual escena… maneras de sentarse peliculeras y de llevar las gafas de sol hasta en la noche más oscura y definitiva.
Aunque el dibujo que pueden ver junto a este texto no es muy bueno, nos da una idea de lo que fue un picnic estupendo, genial. Había hierba amarilla, marrón, rojiza, el río verde parecía el más amenazante pantano, y a veces dejaba flotar un viejo neumático, alguna mancha oscura, posiblemente de alguna sustancia nuclear.
Una tarde memorable. Llena de sobredosis, de besos, de juegos absurdos, de no saber lo que pasará mañana. Escogimos un rincón, entre arbustos, desde el que veíamos montañas azuladas, con algún edificio fantasmal en el fondo… tal vez perteneciente a Bilbao, tal vez solo a nuestra imaginación intoxicada. Cerca una casa vieja, rota, seguro que de algún chatarrero o simplemente abandonada y pasto de yonkis. Auténticos yonkis de la Margen Izquierda, que son los yonkis más yonkis de la Historia de la Humanidad.
Extendimos nuestro mantelito nuevo, encontrado en un contenedor de basura, y sacamos los bocadillos y los refrescos. Y otras cosas típicas para pasar la tarde: insulinas, limón, cuchara, agua destilada, sonrisa de goma, lágrimas, cigarrillos...
Así empezó nuestra gran fiesta. Nuestro picnic maravilloso. Nos sentimos como niños, al menos durante cinco minutos.
Ella me amaba. Nunca supe por qué. Yo, a cambio de su amor, incapaz de amar ni a ella ni a nadie, tan solo trataba de complacerla, lamiéndola de vez en cuando. Entonces bastaba y la vida era otra, y ella y yo podíamos pasear, ir a merendar al campo, como niños ancianos, disfrutando de cosas sencillas, de las cosas antiguas que siempre se han hecho, y que no tienen ninguna relación con las tiendas, ni con las aceras llenas de transeúntes, ni con los teléfonos, ni con ordenadores, ni con los píxeles ni los números de ninguna clase. Ni nada que ver con el puto dinero. Ella era como yo: real.
Un niño nos ayudó trayendo la guitarra, el cubo y la pala y además un balón de plástico, de los que no duelen cuando te dan un pelotazo, y de esta manera todo resultó agradable, porque no nos faltó de nada. El chicuelo jugó durante un buen rato y le otorgamos un descomunal bocadillo de Nocilla, que devoró con ansia, como se han de comer este tipo de merendolas eufóricas y reconstituyentes.
Por aquella época yo siempre procuraba llevar encima mi vieja grabadora; absolutamente analógica. En realidad no era como la que se ve en el dibujo. Lo que yo tenía era una grabador de cuatro pistas un poco más aparatoso y que funcionaba con cinta de cassette, no con grandes bobinas ni nada parecido.
Grababa canciones que venían a mi cabeza constantemente. Ella me inspiraba. Junto a ella trataba de estrujarme los sesos, de mantener una línea de creatividad por encima de todo en la vida. No me interesaba demasiado trabajar. En realidad no me interesaba nada más que mis canciones. Mis canciones y sus labios, los de ella.
Solía grabar un ritmo de Casiotone en una de las pistas, que me ayudaba, a modo de metrónomo, a no perder el compás. Después en otra de las pistas grababa una guitarra, acústica o eléctrica, dependiendo de la idea. Luego venía el bajo en otra pista. Como no disponía de él, solía imitarlo destensando las cuerdas graves de la guitarra española, una o dos octavas más bajas, que, según cómo situara el micrófono, podía incluso simular un contrabajo al tocar con los dedos. Y bueno, la pista restante la usaba para hacer lo que se llamaba ping-pong, o algo así, que era mezclar las pistas grabadas en otra, dejando así el resto nuevamente disponibles. Después vendría otra guitarra tal vez, el teclado con sonido de órgano, una caja de batería o similar, golpeada con mucho cuidado de no perder el ritmo.
Por fin llegaba la voz, que era algo horrible, pero había que hacerlo. Debía cantar yo mismo aquella melodía grabada de manera tan artesanal. Solían ser letras sencillas, que casi siempre expresaban soledad o denuncia, letras que ponían de relieve mi condición marciana en un mundo imposible de entender.
Pero continuando con el picnic... mi idea allí era grabar voces e ideas sueltas, grabar su voz, delicada pero firme, de carácter. Pues ella nunca quiso cantar mis canciones. De hecho, apenas hablaba. Eso fue lo que me enamoró de ella, sin lugar a dudas. Sus ojos ya lo decían todo, y bastaban para fusilar a cualquiera. Su pelo no era rubio, ni rojo, ni negro, ni como aparece en el dibujo. Su pelo era fuego y no se hable más.
Leímos viejas cartas de amor, de odio, de risa… porque nosotros sabíamos escribir aunque pareciéramos totalmente ignorantes ante el mundo. Escribíamos en papeles, perfumados o no, nuestras ideas, nuestros sentimientos, y nuestras líneas de tinta real solían torcerse por la prisa en sacarlo todo fuera, y si alguno de nuestros pensamientos se desviaba y si había especial emoción, lascivia o locura.
Esperamos a que anocheciera, para volver a casa cabizbajos, extenuados de tantas emociones en un solo día. En esa tarde de primavera, salvajemente familiar y sincera. Tal vez es poco para el mundo, pero para nosotros fue más que un dibujo.
Aquella tarde de picnic ella y yo nos suicidamos. Acabamos flotando en nuestro eterno cielo blanquecino e industrial, en lágrimas inflamables, que se mezclaban con aquella mancha… de alguna sustancia, probablemente nuclear.
8 de septiembre de 2012
RRHH négatif. L'entrevue d'emploi.
Todo pudo haber sido distinto. Pero acabó en tragedia.
Me citaron para una entrevista de trabajo, por una oferta a la que me inscribí sin saber por qué. Seguramente porque alguien dijo que en esta vida hay que trabajar para ganar dinero. El que quieran darte. Y el dinero es Dios, y no se discute.
En todo caso, allí me presenté, puntual. Cumplía algunos de los requisitos en cuanto a conocimientos y demás para el puesto en cuestión. Pero eso, ya saben, no garantiza nada.
Aparecieron ante mí dos seres como los que pueden observar en la imagen. Esta clase de gente es así. Y yo suelo retratarla con pulcra exactitud. En este caso se trataba de un hombre y una mujer horribles. Vestidos formalmente, con traje. De esa manera estúpida que la gente considera elegante. Aunque a mí esta típica indumentaria con la que la gente seria y formal pretende engañar al resto, siempre me produjo pura repelencia y la determinación de no abrir jamás la puerta de casa a alguien que llamara al timbre con semejante aspecto. En definitiva; trajes, seriedad, protocolo... es algo de lo que siempre intentaré estar lo más alejado posible. Y más tratándose de personajes como los que les comento.
Su dedicación a la búsqueda de personal para ciertos empleos, eso que llaman eufemísticamente "Recursos Humanos", les hace aún más inhumanos si cabe. Parecían funcionarios de la administración. Ya saben, los típicos que no dan un palo al agua, viven a tu costa y encima se creen que te hacen un favor atendiéndote, cuando resulta que es al revés. Y además tienes que darles las gracias.
Me dijeron que precisaban para la vacante a alguien joven, dinámico y con muchas ganas de trabajar.
Inmediatamente comprendí que no era yo la persona indicada para el puesto.
"Dinámico" siempre me sonó al famoso dúo. Lo de las ganas de trabajar me resulta impensable, propio de masoquistas. Y bueno, tampoco soy muy joven. Hay mucha nostalgia últimamente en mis días y en mis pasos. Y canas tampoco faltan en mi cabezota de aldeano.
Mi deseo en el momento fue insultarles, reirme de ellos, prender fuego a su oficina. Me parece lo más lógico, frente a rostros tan lamentables.
Pero no pasó nada de esto. Reconocieron mi falta de aptitud y, sin pensarlo dos veces, dictaminaron sentencia sobre mí de manera enérgica: Usted debe morir.
El caso es que acepté, sin saber por qué. Seguramente alguien dijo alguna vez que todos debemos morir algún día. Cerré los ojos y ya está.
28 de abril de 2012
Palabras abandonadas
Creo que estaría encantado de coger el tren todos los días para ir a
Bilbao. Desde el otro día, he comprobado que es lo mejor que se puede
hacer aquí.
Este pueblo, cuatro brasas de mi memoria, no tiene el menor atractivo para mí. Sin embargo aún queda el tren. El metro —que en su día pudo darme alguna esperanza—, hoy no me llena nada. Y desde que llega a Santurtzi, me parece un auténtica porquería, que no cumple su cometido, ya que tener que esperar diez o más minutos en la gruta me parece excesivo.
El tren tiene otra cosa, sí. Me siento joven en el tren. Retomo el hilo de la historieta en la que me quedé hace unos años, casi una década. La primera década del 2000 ha sido de una estupidez enorme. Solo destacable por ataques terroristas, alguna guerra absurda y por la llegada de eso que llaman crisis.
Bilbao nunca me dio un porvenir. Realmente pasear por Bilbao era ver pasear gente de dinero por la Gran Vía, algunos borrokas y algunos yonkis en el Casco Viejo. Pero nunca tuve oportunidad de trabajar allí, solo en mi juventud, ocasionalmente y gracias a alguna empresa de trabajo temporal. Por lo demás, Bilbao capital, de tan pretencioso, no tiene absolutamente ningún interés para mí.
Bilbao, hace tiempo, me dio un amor, que como todo, se fue. Aún había esperanzas por aquéllas, aún no había perdido ese hilo de la historia.
Sin embargo, tomar el tren en Barakaldo no está nada mal. Todavía hay humanos que se montan en él. ¡Y además se dirigen al trabajo! sí, ¡trabajan en Bilbao! Nunca pude imaginar una vida como esa, o mejor dicho, es lo único a lo que aspiré; a imaginarla. De repente me siento como si no tuviera una sola cana, dirijiéndome hacia nuestro local en Mazarredo para ensayar.
Incluso puedo caer en esa otra nostalgia de biblioteca de Bidebarrieta. Un lugar tan agradable... probablemente mejor que todos los garitos y antros del mundo. Sí, ¡donde esté una biblioteca!. El mejor sitio para distraerse, informarse de lo que hay, para mirar a las chicas que entran y salen, etc.
Yo creo que me gustaría tomar el tren en Barakaldo por la mañana, muy muy temprano. Pero no tengo razón por la que ir a Bilbao, es lástima.
Cuando llego de Madrid a la estación de autobuses de Bilbo, empiezo a ver mi entorno y ¡ya reniego nada más aterrizar! Es increíble. Después en el metro voy pensando en lo pijotero y asquerosamente burgués que es todo y todos los que van en el vagón. Todos tan arios, tan blancos, tan rectos, vestidos de "lo que se lleva", osea de H&M, muy como cuando estuve en París... eso que algunos seguiremos llamando gente "normal", es la única que aquí encuentro. La niña presumida, la asistenta social, el chavalín universitario, así como ves al borroka de tu pueblo, mira hombre, ahora domesticado por las circunstancias, el barbudo eterno que espera el partido del domingo 'pa ver al aleti la ostia', todas esas señoras pintarrajeadas, todos tan supervascos... no puedo describir nada más, es tan solo gente normal.
Entonces, me entra repentinamente las ganas de Madrid. De volver al circo, de escapar.
Pero como el otro día monté en el tren para unas "gestiones" (palabrita irritante que se las trae) que tenía que hacer en Bilbao, me dije; quieto.
No sé qué pasará. Nunca seré nada en esa ciudad porque como ya soy mayorcito, y para aspirar a un trabajo aquí has de pasar por un proceso de selección más propio de la NASA que de otra cosa, pues no sé si merece la pena quedarse. No tengo apellidos vascos ni carné ninguno, lo siento. Aunque no mucho.
La mayor parte de mis amigos del pasado se han dedicado a la normalidad, los que no, huyeron; se buscaron la vida fuera. Es triste pensar que en este pueblo anodino, que no tiene nada en absoluto destacable, uno solo puede aspirar a la hernia o el cáncer sea de la clase que sea. Pintando la mona en el bar. Eso y el athletic. No puedo sentirme más remotamente alejado de eso.
Me siento extranjero en Bilbao y no quiero volver ni en la Aste Nagusia. Pero ese tren... me ha gustado... esa estación, antiguamente llamada Desierto Barakaldo tiene su punto y su historia... ¡puto tren!
Este pueblo, cuatro brasas de mi memoria, no tiene el menor atractivo para mí. Sin embargo aún queda el tren. El metro —que en su día pudo darme alguna esperanza—, hoy no me llena nada. Y desde que llega a Santurtzi, me parece un auténtica porquería, que no cumple su cometido, ya que tener que esperar diez o más minutos en la gruta me parece excesivo.
El tren tiene otra cosa, sí. Me siento joven en el tren. Retomo el hilo de la historieta en la que me quedé hace unos años, casi una década. La primera década del 2000 ha sido de una estupidez enorme. Solo destacable por ataques terroristas, alguna guerra absurda y por la llegada de eso que llaman crisis.
Bilbao nunca me dio un porvenir. Realmente pasear por Bilbao era ver pasear gente de dinero por la Gran Vía, algunos borrokas y algunos yonkis en el Casco Viejo. Pero nunca tuve oportunidad de trabajar allí, solo en mi juventud, ocasionalmente y gracias a alguna empresa de trabajo temporal. Por lo demás, Bilbao capital, de tan pretencioso, no tiene absolutamente ningún interés para mí.
Bilbao, hace tiempo, me dio un amor, que como todo, se fue. Aún había esperanzas por aquéllas, aún no había perdido ese hilo de la historia.
Sin embargo, tomar el tren en Barakaldo no está nada mal. Todavía hay humanos que se montan en él. ¡Y además se dirigen al trabajo! sí, ¡trabajan en Bilbao! Nunca pude imaginar una vida como esa, o mejor dicho, es lo único a lo que aspiré; a imaginarla. De repente me siento como si no tuviera una sola cana, dirijiéndome hacia nuestro local en Mazarredo para ensayar.
Incluso puedo caer en esa otra nostalgia de biblioteca de Bidebarrieta. Un lugar tan agradable... probablemente mejor que todos los garitos y antros del mundo. Sí, ¡donde esté una biblioteca!. El mejor sitio para distraerse, informarse de lo que hay, para mirar a las chicas que entran y salen, etc.
Yo creo que me gustaría tomar el tren en Barakaldo por la mañana, muy muy temprano. Pero no tengo razón por la que ir a Bilbao, es lástima.
Cuando llego de Madrid a la estación de autobuses de Bilbo, empiezo a ver mi entorno y ¡ya reniego nada más aterrizar! Es increíble. Después en el metro voy pensando en lo pijotero y asquerosamente burgués que es todo y todos los que van en el vagón. Todos tan arios, tan blancos, tan rectos, vestidos de "lo que se lleva", osea de H&M, muy como cuando estuve en París... eso que algunos seguiremos llamando gente "normal", es la única que aquí encuentro. La niña presumida, la asistenta social, el chavalín universitario, así como ves al borroka de tu pueblo, mira hombre, ahora domesticado por las circunstancias, el barbudo eterno que espera el partido del domingo 'pa ver al aleti la ostia', todas esas señoras pintarrajeadas, todos tan supervascos... no puedo describir nada más, es tan solo gente normal.
Entonces, me entra repentinamente las ganas de Madrid. De volver al circo, de escapar.
Pero como el otro día monté en el tren para unas "gestiones" (palabrita irritante que se las trae) que tenía que hacer en Bilbao, me dije; quieto.
No sé qué pasará. Nunca seré nada en esa ciudad porque como ya soy mayorcito, y para aspirar a un trabajo aquí has de pasar por un proceso de selección más propio de la NASA que de otra cosa, pues no sé si merece la pena quedarse. No tengo apellidos vascos ni carné ninguno, lo siento. Aunque no mucho.
La mayor parte de mis amigos del pasado se han dedicado a la normalidad, los que no, huyeron; se buscaron la vida fuera. Es triste pensar que en este pueblo anodino, que no tiene nada en absoluto destacable, uno solo puede aspirar a la hernia o el cáncer sea de la clase que sea. Pintando la mona en el bar. Eso y el athletic. No puedo sentirme más remotamente alejado de eso.
Me siento extranjero en Bilbao y no quiero volver ni en la Aste Nagusia. Pero ese tren... me ha gustado... esa estación, antiguamente llamada Desierto Barakaldo tiene su punto y su historia... ¡puto tren!

Historias de invierno: día blanco, regalices rojos
Esta mañana al levantarme he subido la persiana y el día era blanco.
He notado una claridad tan invernal que las sospechas han surgido
rápidamente.
El día es blanquecino como los recuerdos de mi infancia y todos los inviernos vividos. Aunque también podía ser calificado de día gris claro, porque en mi pueblo el cielo era así. Recuerdos industriales y poco hechos, de fina lluvia y aire contaminado.
El caso es que me he dado cuenta de que me he despertado en 1982, tal vez 83, no importa. Pero frente a la casa de mis padres puedo ver la pared de ladrillo en la que cuelgan carteles de El hombre elefante y También los ángeles comen judías, que son pelis de actualidad, la de entonces. Seguramente confunda los años, pero ya digo que eso me da igual porque lo importante es que he despertado en otra época. La tienda de alfombras de al lado del muro de ladrillo vuelve a estar en su sitio, es alucinante, no puedo explicármelo. Las cosas están así.
¿Qué puedo hacer? A ratos llueve y me da reparo salir a la calle. He puesto la radio unos segundos… Radio Popular (Herri irratia zuekin, nino nino) aparece por ahí… con viejas voces anunciando no se qué comercio en Rodriguez Arias, pero prefiero apagar el aparato porque empiezo a sentir pavor. Todo es gris o blanco. Blanco es lo más optimista. No como ahora (?) que hasta sale el sol de vez en cuando, aunque también llueve y hace viento, todo consecutivamente en un mismo día. En aquella época, quiero decir, hoy (?), el color, el ambiente, era más plomizo y opaco. Ah, ¡y también había muchas barbas y trencas!
Siento repentinamente muchas ganas de salir y comprar gominolas y tal vez algún bolígrafo en la tienda de chucherías, cercana a la iglesia de Santa Teresa, una tienda que era mitad librería y mitad de caramelos y cuatro revistas.
Logro salir a la calle. Todo parece de lo más normal y creo que me he vuelto loco definitivamente. ¿Y si veo a algún conocido? ¿Tendrá el aspecto de cuando aquello o no? No me vale con ver al párroco de aquí al lado, ese sigue como siempre, de los típicos que no cambian, pero ¿y los demás? ¿podría encontrarme con algún viejo compañero del colegio? Apenas vive nadie ya en este pueblo de mis años de colegio, tampoco del instituto. No sé, no sé qué hacer. Me he sentado en el escalón a la entrada de la mercería frente a la tienda, lo cual es una suerte, pues dicha mercería ya no existe. Allí me como los regalices rojos que he comprado en la tienda. He visto que sigue como antes, con la misma señora que parece no haberme reconocido. Están buenos los regalices. Mientras miro a la zona de aparcamiento que hay en la plaza, que ya no existe, o a la tienda de muebles “Casanova” que tampoco existe.
Todo esto es un misterio… como ese cartel a medio arrancar de UCD en la pared de la iglesia. Me pregunto por la carnicería de la esquina, antes de que pusieran una pastelería que nunca tuvo gran función en esta zona de la calle, o la tienda de ultramarinos de aquel señor cuyas canas resplandecían y parecían lo único luminoso en su oscuro local lleno de sacos de patatas y otros alimentos. Y llegados a este punto no podía dejar de pensar en comprar un bollo en la panadería que hubo al lado de casa, un bollo de los que hacían en Harino Panadera, la fábrica donde trabajaba mi padre.
Todo esto es muy fuerte. No, no quiero saber más, solo quiero acabar de comerme los regalices, ¿qué hago yo comiendo regalices a las once de la mañana sentado en la entrada de una tienda que solo es un recuerdo? ¡Y solo por despertar en un día blanco!
Observo una pintada en la pared al otro lado de la tienda de chucherías, ya junto al colegio. Pone “Non dago Mikel?” y recuerdo que esta enigmática pregunta hace referencia a la desaparición de un activista político en manos de la policía en rarísimas circunstancias, cosa que solía ocurrir de vez en cuando. Porque ciertamente las pintadas no pueden faltar. La palabra ”Amnistia “ se estilaba mucho y, por supuesto, la más famosa de todas que no hace falta mencionar por no herir sensibilidades.
Bueno, se me va la cabeza, y no tengo claro si quiero volver a casa, acostarme y dormir lo suficiente hasta recuperar mi tiempo, o seguir paseando por los restos de mi memoria y la memoria del lugar donde nací y crecí. Tal vez sea demasiado fuerte y acabe en el desmayo. Lo pienso, pero no importa, mis pies se dirigen finalmente hacia la tienda para comprar más regalices rojos. He decidido dejarme llevar, ¿qué importa? a fin de cuentas lo de ahora (o lo de antes, según se mire) no es más que morralla de adulto, un estar por estar, un gastar días sin apenas esperanza. El principio del fin.
Pues nada, lo dicho, me quedaré por aquí a ver qué pasa, que esto no se vive todos los días.
El día es blanquecino como los recuerdos de mi infancia y todos los inviernos vividos. Aunque también podía ser calificado de día gris claro, porque en mi pueblo el cielo era así. Recuerdos industriales y poco hechos, de fina lluvia y aire contaminado.
El caso es que me he dado cuenta de que me he despertado en 1982, tal vez 83, no importa. Pero frente a la casa de mis padres puedo ver la pared de ladrillo en la que cuelgan carteles de El hombre elefante y También los ángeles comen judías, que son pelis de actualidad, la de entonces. Seguramente confunda los años, pero ya digo que eso me da igual porque lo importante es que he despertado en otra época. La tienda de alfombras de al lado del muro de ladrillo vuelve a estar en su sitio, es alucinante, no puedo explicármelo. Las cosas están así.
¿Qué puedo hacer? A ratos llueve y me da reparo salir a la calle. He puesto la radio unos segundos… Radio Popular (Herri irratia zuekin, nino nino) aparece por ahí… con viejas voces anunciando no se qué comercio en Rodriguez Arias, pero prefiero apagar el aparato porque empiezo a sentir pavor. Todo es gris o blanco. Blanco es lo más optimista. No como ahora (?) que hasta sale el sol de vez en cuando, aunque también llueve y hace viento, todo consecutivamente en un mismo día. En aquella época, quiero decir, hoy (?), el color, el ambiente, era más plomizo y opaco. Ah, ¡y también había muchas barbas y trencas!
Siento repentinamente muchas ganas de salir y comprar gominolas y tal vez algún bolígrafo en la tienda de chucherías, cercana a la iglesia de Santa Teresa, una tienda que era mitad librería y mitad de caramelos y cuatro revistas.
Logro salir a la calle. Todo parece de lo más normal y creo que me he vuelto loco definitivamente. ¿Y si veo a algún conocido? ¿Tendrá el aspecto de cuando aquello o no? No me vale con ver al párroco de aquí al lado, ese sigue como siempre, de los típicos que no cambian, pero ¿y los demás? ¿podría encontrarme con algún viejo compañero del colegio? Apenas vive nadie ya en este pueblo de mis años de colegio, tampoco del instituto. No sé, no sé qué hacer. Me he sentado en el escalón a la entrada de la mercería frente a la tienda, lo cual es una suerte, pues dicha mercería ya no existe. Allí me como los regalices rojos que he comprado en la tienda. He visto que sigue como antes, con la misma señora que parece no haberme reconocido. Están buenos los regalices. Mientras miro a la zona de aparcamiento que hay en la plaza, que ya no existe, o a la tienda de muebles “Casanova” que tampoco existe.
Todo esto es un misterio… como ese cartel a medio arrancar de UCD en la pared de la iglesia. Me pregunto por la carnicería de la esquina, antes de que pusieran una pastelería que nunca tuvo gran función en esta zona de la calle, o la tienda de ultramarinos de aquel señor cuyas canas resplandecían y parecían lo único luminoso en su oscuro local lleno de sacos de patatas y otros alimentos. Y llegados a este punto no podía dejar de pensar en comprar un bollo en la panadería que hubo al lado de casa, un bollo de los que hacían en Harino Panadera, la fábrica donde trabajaba mi padre.
Todo esto es muy fuerte. No, no quiero saber más, solo quiero acabar de comerme los regalices, ¿qué hago yo comiendo regalices a las once de la mañana sentado en la entrada de una tienda que solo es un recuerdo? ¡Y solo por despertar en un día blanco!
Observo una pintada en la pared al otro lado de la tienda de chucherías, ya junto al colegio. Pone “Non dago Mikel?” y recuerdo que esta enigmática pregunta hace referencia a la desaparición de un activista político en manos de la policía en rarísimas circunstancias, cosa que solía ocurrir de vez en cuando. Porque ciertamente las pintadas no pueden faltar. La palabra ”Amnistia “ se estilaba mucho y, por supuesto, la más famosa de todas que no hace falta mencionar por no herir sensibilidades.
Bueno, se me va la cabeza, y no tengo claro si quiero volver a casa, acostarme y dormir lo suficiente hasta recuperar mi tiempo, o seguir paseando por los restos de mi memoria y la memoria del lugar donde nací y crecí. Tal vez sea demasiado fuerte y acabe en el desmayo. Lo pienso, pero no importa, mis pies se dirigen finalmente hacia la tienda para comprar más regalices rojos. He decidido dejarme llevar, ¿qué importa? a fin de cuentas lo de ahora (o lo de antes, según se mire) no es más que morralla de adulto, un estar por estar, un gastar días sin apenas esperanza. El principio del fin.
Pues nada, lo dicho, me quedaré por aquí a ver qué pasa, que esto no se vive todos los días.

Historias de invierno: Alguien que entra y sale
Bueno, ahora vivo en una casa que tiene un pasillo muy largo y
estrecho. En realidad es bastante lúgubre. En uno de los lados están las
habitaciones pero en el otro lado no hay nada, pared lisa, ni un triste
cuadro o adorno.
Se ve poco aun con la luz encendida. No debería ser legal este tipo de pasillos. En ellos no se puede uno revolcar, ni jugar a nada… tan solo metros de vacío desperdiciados.
Me he acabado acostumbrando a este espacio tenebroso y al recorrido hasta mi habitación. Es duro, sí. Y ahora resulta que encuentro el pasillo como una analogía de mí mismo, pero éste ya es un asunto demasiado metafísico y ustedes necesitan descansar.
Yo iba a lo siguiente; el caso es que noto que éste largo pasillo no dice toda la verdad, pues por la noche oigo algunos ruidos. Creo que alguien recorre la casa de lado a lado, siento los pasos… Alguien entra cuando yo me distraigo o duermo. Creo que da miedo, ¿serán fantasmas? Seguramente, pero la duda es lo peor y la imaginación vuela sin atender a racionalidad alguna.
Me gustaría hablar de la primavera y de lo bonita que es la vida, incluso lo deseo, pero chicos, no hay manera. Lo cierto es que sé muy poco de la primavera, así como al invierno lo conozco como si lo hubiera parido.
Y aquí, en esta casa, en este pasillo, es siempre invierno. Por eso me extraña que vengan gentes a escondidas, deambulando de arriba abajo como si tal cosa, ¿vendrán abrigados? Es más lógico pensar que lo que vienen es a resguardarse del desapacible exterior sin saber lo que hay aquí.
Curioso que aún hoy haya personas que entren en mi vida. Y salgan. Sucede lo mismo que en la dichosa casa de altos techos y pasillo de terror. Sin yo apenas darme cuenta me veo albergando huéspedes, en el alma, el corazón, el cerebro y quizás en alguna otra parte. Alguien que patina a través de mí y se deja caer en las paredes acolchadas. No digo nada, dejo que suceda y sucede. Los que se van dejan la puerta abierta y de repente me siento helado porque tras ellos entra el invierno y no me libro de gripes ni de locuras. Y dale, que siempre acabo en la metafísica. El lastre de la metafísica, siempre disponible para explicar nada.
Quiero cambiar todo esto, de casa y de pasillo. Vigilar la puerta pues la abren aunque cierre con cuatro vueltas de llave y aunque mi misantropía asome desde la ventana que da a la calle. No quiero que entren sin permiso. Al menos hasta que se me pase el resfriado.
Se ve poco aun con la luz encendida. No debería ser legal este tipo de pasillos. En ellos no se puede uno revolcar, ni jugar a nada… tan solo metros de vacío desperdiciados.
Me he acabado acostumbrando a este espacio tenebroso y al recorrido hasta mi habitación. Es duro, sí. Y ahora resulta que encuentro el pasillo como una analogía de mí mismo, pero éste ya es un asunto demasiado metafísico y ustedes necesitan descansar.
Yo iba a lo siguiente; el caso es que noto que éste largo pasillo no dice toda la verdad, pues por la noche oigo algunos ruidos. Creo que alguien recorre la casa de lado a lado, siento los pasos… Alguien entra cuando yo me distraigo o duermo. Creo que da miedo, ¿serán fantasmas? Seguramente, pero la duda es lo peor y la imaginación vuela sin atender a racionalidad alguna.
Me gustaría hablar de la primavera y de lo bonita que es la vida, incluso lo deseo, pero chicos, no hay manera. Lo cierto es que sé muy poco de la primavera, así como al invierno lo conozco como si lo hubiera parido.
Y aquí, en esta casa, en este pasillo, es siempre invierno. Por eso me extraña que vengan gentes a escondidas, deambulando de arriba abajo como si tal cosa, ¿vendrán abrigados? Es más lógico pensar que lo que vienen es a resguardarse del desapacible exterior sin saber lo que hay aquí.
Curioso que aún hoy haya personas que entren en mi vida. Y salgan. Sucede lo mismo que en la dichosa casa de altos techos y pasillo de terror. Sin yo apenas darme cuenta me veo albergando huéspedes, en el alma, el corazón, el cerebro y quizás en alguna otra parte. Alguien que patina a través de mí y se deja caer en las paredes acolchadas. No digo nada, dejo que suceda y sucede. Los que se van dejan la puerta abierta y de repente me siento helado porque tras ellos entra el invierno y no me libro de gripes ni de locuras. Y dale, que siempre acabo en la metafísica. El lastre de la metafísica, siempre disponible para explicar nada.
Quiero cambiar todo esto, de casa y de pasillo. Vigilar la puerta pues la abren aunque cierre con cuatro vueltas de llave y aunque mi misantropía asome desde la ventana que da a la calle. No quiero que entren sin permiso. Al menos hasta que se me pase el resfriado.
30 de noviembre de 2011
Últimas noticias
- Hablaba de humildad y de paz con un séquito de diezmil policías.
- Le preguntaron la hora y no tuvo más remedio que matarlos a todos.
- Era tan visceral que se hizo cirujano.
- Cuando el sol sale, su madre, preocupada, no duerme hasta que vuelve.
- Como era un misántropo solo daba la enhorabuena en los funerales.
- Sus canciones desprendían un olor tan insoportable que tuvo que ser detenido y llevado ante la justicia.
- Despreciar es quitar la etiqueta del precio a los artículos adquiridos en una tienda cualquiera.
- Compró diez kilos de cal y diez de arena, y desde entonces, todo en la vida le fue bien y mal.
- Fue un tipo tan adelantado a su tiempo, que nació treintaiocho años más tarde.
- Se tragó un ventilador y se hizo cantante de ópera.
- Como no sabía leer, el oculista le mandó unas gafas de la más alta graduación.
- Como fue a misa con los zapatos sucios, pasaron el cepillo.
- Estuvo observando el cuadro tan detenidamente y durante tanto tiempo, que cuando se dio cuenta, la raza humana se había extinguido y reinaba la paz en el planeta.
- Atravesó el océano de un flechazo.
- Como era un hombre tan abominable, cruel, sanguinario, asesino y déspota, murió de viejo.
- "Me parece todo tan pueril..." dijo mi buen amigo, agitando el sonajero.
- Otro mundo de Yupi es posible.
- ¿Qué fue primero, la libertad o la cárcel?
- Le dieron tan malas noticias, que tuvo que devolverlas.
- Hicieron un parque natural con sus lagunas mentales.
- Como la crisis económica era sumamente grave y afectaba a tanta gente, se fueron de vacaciones con toda la familia y lo pasaron genial.
- Hablaba tan alto que solo le oían las nubes.
- Comía yogures caducados por nostalgia.
- Vivía tan encerrado en sí mismo, que tuvieron que desalojarle con gases lacrimógenos.
- En la autoescuela, uno se enseña a sí mismo.
- Era tan católico que tuvieron que ponerle un cerebro de verdad.
- Se casó de blanco y todas las balas le alcanzaron.
- Trabajaba de mago en un circo, pero no tenía ilusión.
- Plantó cara a la realidad y le crecieron geranios.
- El terrible y peligrosísimo asesino psicópata que descuartizaba a sus víctimas y violaba y mataba ancianas y niños, era un hombre muy educado.
- Fue padre tan joven, que hoy su propio hijo le supera en edad.
- Se abrió una cuenta en Facebook e ingresó todo su infortunio.
- Entró al veterinario por su propio pie, y salió por patas
- Corría el mes de Abril. Pero tanto que nadie pudo alcanzarlo.
- Murió tras un coma etílico, y al día siguiente no se acordaba de nada.
- Era tan repugnantemente pijo, que el cocodrilo de su camisa le devoró el corazón.
- Ingresó cadáver y le operaron del Alma.
- Le preguntaron la hora y no tuvo más remedio que matarlos a todos.
- Era tan visceral que se hizo cirujano.
- Cuando el sol sale, su madre, preocupada, no duerme hasta que vuelve.
- Como era un misántropo solo daba la enhorabuena en los funerales.
- Sus canciones desprendían un olor tan insoportable que tuvo que ser detenido y llevado ante la justicia.
- Despreciar es quitar la etiqueta del precio a los artículos adquiridos en una tienda cualquiera.
- Compró diez kilos de cal y diez de arena, y desde entonces, todo en la vida le fue bien y mal.
- Fue un tipo tan adelantado a su tiempo, que nació treintaiocho años más tarde.
- Se tragó un ventilador y se hizo cantante de ópera.
- Como no sabía leer, el oculista le mandó unas gafas de la más alta graduación.
- Como fue a misa con los zapatos sucios, pasaron el cepillo.
- Estuvo observando el cuadro tan detenidamente y durante tanto tiempo, que cuando se dio cuenta, la raza humana se había extinguido y reinaba la paz en el planeta.
- Atravesó el océano de un flechazo.
- Como era un hombre tan abominable, cruel, sanguinario, asesino y déspota, murió de viejo.
- "Me parece todo tan pueril..." dijo mi buen amigo, agitando el sonajero.
- Otro mundo de Yupi es posible.
- ¿Qué fue primero, la libertad o la cárcel?
- Le dieron tan malas noticias, que tuvo que devolverlas.
- Hicieron un parque natural con sus lagunas mentales.
- Como la crisis económica era sumamente grave y afectaba a tanta gente, se fueron de vacaciones con toda la familia y lo pasaron genial.
- Hablaba tan alto que solo le oían las nubes.
- Comía yogures caducados por nostalgia.
- Vivía tan encerrado en sí mismo, que tuvieron que desalojarle con gases lacrimógenos.
- En la autoescuela, uno se enseña a sí mismo.
- Era tan católico que tuvieron que ponerle un cerebro de verdad.
- Se casó de blanco y todas las balas le alcanzaron.
- Trabajaba de mago en un circo, pero no tenía ilusión.
- Plantó cara a la realidad y le crecieron geranios.
- El terrible y peligrosísimo asesino psicópata que descuartizaba a sus víctimas y violaba y mataba ancianas y niños, era un hombre muy educado.
- Fue padre tan joven, que hoy su propio hijo le supera en edad.
- Se abrió una cuenta en Facebook e ingresó todo su infortunio.
- Entró al veterinario por su propio pie, y salió por patas
- Corría el mes de Abril. Pero tanto que nadie pudo alcanzarlo.
- Murió tras un coma etílico, y al día siguiente no se acordaba de nada.
- Era tan repugnantemente pijo, que el cocodrilo de su camisa le devoró el corazón.
- Ingresó cadáver y le operaron del Alma.
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lupo sol
10 de septiembre de 2010
La fábrica de Blas
Blas es mayor. Blas tiene familia. Blas no es nadie pero trabaja en una gran fábrica productora de muñecos. Blas fabrica maniquies durante ocho horas diarias que a veces son más.
El trabajo en cadena es estresante por lo que todos se agotan y mueren de asco cada día. Una cabeza por aquí, un brazo por allá y la figura queda lista para ser exhibida en cualquier escaparate, vestida según los dictados de la moda. En los grandes almacenes que tanto se anuncian por la radio y en tienditas sin nombre, allí se encuentran ellos, sin gesto ni identidad al igual que sus creadores, arropados con pantalones de lo más chic y camisas francamente provocativas. La gente los observa y elucubran obscenos pensamientos, retorcidos casi siempre, y claramente fetichistas. Los maniquies inspiran en la mente de los transeuntes cierto amor al plástico que los transporta a un helado paraíso donde lo material reina a todos los niveles.
Blas pasea por las calles de la ciudad oculto en su anonimato eterno y seguro, y también los mira como el que observa a sus hijos vestidos de esperpento y coloca en su cara un claro gesto de desaprobación; ¡Qué se habrán creido!, ¡Vestir así a mis criaturas! En fin, hay que adaptarse a los tiempos, piensa, por lo menos los angelitos de plástico no envejecen ni muestran ningun tipo de sentimiento, lo cual es grandioso y digno de envidiar... pues a estos maniquies nada les altera ni les hace estremecer.
La fábrica de maniquies lleva veinte años en funcionamiento y es el pan de Blas y de tantos otros. A veces Blas se identifica con estos muñecos por su claro rol de títere manejado al antojo de otros que están por encima. Un pedido de treinta piezas irá destinado al centro comercial de las afueras, el lugar de encuentro y sagrado consumo de cientos de personas que gastan y gastan sin apenas saber porqué.
Pero los meses se escapan a toda velocidad y ahora los encargos son mínimos por lo que la paga de los empleados de la empresa se ha visto reducida considerablemente. Una crisis que a veces se da en ciertos sectores. A nadie le importa un muñeco, salvo a empresarios, a los guardias urbanos, a políticos o a los que se enamoran en un plis plas... Es una auténtica pena. Los responsables de esta factoría de personas huecas han decidido acortar la cantidad de plástico destinada a la fabricación de estos maniquies. Ahorrar en materia prima es fundamental para poder mantener el orden de las cifras, de los sueldos y las ganancias. Por lo tanto, sin dudarlo, la cantidad de muñecos producidos será la misma pero esta vez se harán más finos, más delgados, flacos e incluso sin rostro. Tendrán la cara plana como ese vecino tuyo, el del tercero. A Blas esto no le importa, ¡Y por qué habría de importarle semejante estupidez con tal de que le paguen todos los meses como es preciso?! Sin duda es un gran acierto estirar a los muñecos.
Se hicieron varias series de estos replicantes insulsos que fueron a parar a unas nuevas galerías de modas y estropicios textiles, y estas se propagaron por muchas otras ciudades de la región. Lo que sí es cierto es que a los maniquíes flacuchos les sobraban varias tallas, lo cual suponía un problema estético y de imagen para las nuevas marcas que asomaban por los resplandecientes escaparates de los citados locales. Y así, modistos y empresarios, vendedores y mercachifles decidieron reducir también las tallas de la ropita que tan ansiadamente deseaban vender al resto de los fieles. Y los fieles, como bien saben, son en su mayoría jóvenes que siempren necesitan ponerse encima toda clase de prendas que ven anunciadas por la tele o en las revistas, con las cuales pueden sentirse a salvo, perteneciendo al rebaño tan fácilmente domesticado. Ropita gris para chicos con carita de afectados y coeficiente -10, colorines agresivos e impresionantes destellos de modernidad pastillera para ellas; imagínate la película.
El caso es que las tallas de los pantalones y hasta las camisas eran tan mínimas que provocaban más de una indignación para algún/a adolescente que quedaba fuera de estadística, marginada y a dos pasos del complejo de gorda que no encuentra unos pantalones decentes donde entrar sin calzador. Yo desde luego también me irritaría y defecaría sobre el Todopoderoso viendo lo que hay y teniendo que buscar y rebuscar por otros comercios que no fueran esos tan en voga, donde todos van... dios qué trauma! Además el resto de tiendas de ropa fué tomando ejemplo del buen hacer de estas galerías megafashion y no dudaron en actualizar su imagen exponiendo esas gloriosas marcas, imitaciones incluidas, que tanto furor causaban en la juventud divinotesoro. Y por supuesto, los maniquies fueron renovados y se comenzó a valorar en gran medida a estas altivas figuras que lucían las prendas más IN del mercado, por eso rápidamente se encargaron montañas a la fábrica, donde Blas dejaba su vida de siete a cuatro. La productividad creció de manera increíble teniendo incluso que ser ampliada la plantilla, contratando para ello a un buen número de jóvenes deseosos de trabajar y ser explotados por cuatro duros (céntimos) de mierda.
Blas sonreía y paría cientos de muñecos diarios. La ciudad era un nido de plástico. Desde sus parques hasta la plaza central, de los bares a los supermercados, ciudadanos ya inmunes a la alegría pululaban como maniquíes, casi casi igualitos a los que ocupaban los escaparates, con o sin rebajas. Antes de entrar a un establecimiento miramos atentos lo que hay afuera, lo que se nos ofrece, esa camisa amarilla con rayas en las mangas. Preciosa. Una oferta única, de esas de pague tres y lleve dos. La chaquetita de imitación del cuero que da el pego perfectamente, si es que no viene el típico listillo o listilla que te toca las narices diciéndote que ja,ja no es auténtico.
En fin, que los nuevos maniquies anoréxicos se exponen lustrosos con ajustadas vestimentas para pesos dignos del tercer mundo. Los gorditos se cabrean y muerden en la cara a las dependientas con chicle en la boca y las gorditas lloran sin control porque no caben en esos nuevos pantalones de campana que tan bien le sientan a la amiga de turno, a la prima y a la pija de clase que va marcando culo terriblemente. Snif, mamá, snif! Debo adelgazar a toda costa; no me pongas alubias ni me permitas comer bollos, ni tan siquiera en el desayuno. Así pasan los meses y las madres se preocupan y llevan a sus hijas al médico con una anemia de tres pares de...narices. Es que cree que está gorda, es que no le vale la ropa que hay en las tiendas. Es que las tallas son bajísimas pero la modelo Josefina Fox las luce divinamente y aún le sobra talla. Qué mundo este!
Blas pasea por la ciudad y mira vitrinas, escaparates, terrazas de cafetería donde llega la dulce fragancia del humo de los coches, las tascas infectadas en las que bebe y olvida la jornada laboral. La fábrica sigue funcionando a tope. Ahora se permiten el lujo de crear a sus figuras con rasgos faciales bien matizados, siendo hasta guapos e incluso sonríen de oreja a oreja con esos tipitos tan finos. Tal vez la crisis vuelva un día a la empresa pues no hará falta tanta producción. Ya hay demasiadas figuras en todos los comercios, todas iguales, cortadas por el mismo patrón, salidas del mismo molde y con el mismo vacío espíritu. Aunque de momento eso es algo que no importa mucho a nadie. Sí, la ciudad sigue siendo la misma, con sus respetables y cívicos ciudadanos que perfectamente podrían ocupar el puesto de estos misteriosos seres de plástico que ni sienten ni padecen ni se niegan a nada, siempre tan dispuestos a dejarse manejar por las manos frías de cualquier vendedor... Cada vez tengo más dudas de cual es la imitación y cual el original entre esta manada de ligeras y correctas estatuas... ¿Lo sabes tú amigo?
El trabajo en cadena es estresante por lo que todos se agotan y mueren de asco cada día. Una cabeza por aquí, un brazo por allá y la figura queda lista para ser exhibida en cualquier escaparate, vestida según los dictados de la moda. En los grandes almacenes que tanto se anuncian por la radio y en tienditas sin nombre, allí se encuentran ellos, sin gesto ni identidad al igual que sus creadores, arropados con pantalones de lo más chic y camisas francamente provocativas. La gente los observa y elucubran obscenos pensamientos, retorcidos casi siempre, y claramente fetichistas. Los maniquies inspiran en la mente de los transeuntes cierto amor al plástico que los transporta a un helado paraíso donde lo material reina a todos los niveles.
Blas pasea por las calles de la ciudad oculto en su anonimato eterno y seguro, y también los mira como el que observa a sus hijos vestidos de esperpento y coloca en su cara un claro gesto de desaprobación; ¡Qué se habrán creido!, ¡Vestir así a mis criaturas! En fin, hay que adaptarse a los tiempos, piensa, por lo menos los angelitos de plástico no envejecen ni muestran ningun tipo de sentimiento, lo cual es grandioso y digno de envidiar... pues a estos maniquies nada les altera ni les hace estremecer.
La fábrica de maniquies lleva veinte años en funcionamiento y es el pan de Blas y de tantos otros. A veces Blas se identifica con estos muñecos por su claro rol de títere manejado al antojo de otros que están por encima. Un pedido de treinta piezas irá destinado al centro comercial de las afueras, el lugar de encuentro y sagrado consumo de cientos de personas que gastan y gastan sin apenas saber porqué.
Pero los meses se escapan a toda velocidad y ahora los encargos son mínimos por lo que la paga de los empleados de la empresa se ha visto reducida considerablemente. Una crisis que a veces se da en ciertos sectores. A nadie le importa un muñeco, salvo a empresarios, a los guardias urbanos, a políticos o a los que se enamoran en un plis plas... Es una auténtica pena. Los responsables de esta factoría de personas huecas han decidido acortar la cantidad de plástico destinada a la fabricación de estos maniquies. Ahorrar en materia prima es fundamental para poder mantener el orden de las cifras, de los sueldos y las ganancias. Por lo tanto, sin dudarlo, la cantidad de muñecos producidos será la misma pero esta vez se harán más finos, más delgados, flacos e incluso sin rostro. Tendrán la cara plana como ese vecino tuyo, el del tercero. A Blas esto no le importa, ¡Y por qué habría de importarle semejante estupidez con tal de que le paguen todos los meses como es preciso?! Sin duda es un gran acierto estirar a los muñecos.
Se hicieron varias series de estos replicantes insulsos que fueron a parar a unas nuevas galerías de modas y estropicios textiles, y estas se propagaron por muchas otras ciudades de la región. Lo que sí es cierto es que a los maniquíes flacuchos les sobraban varias tallas, lo cual suponía un problema estético y de imagen para las nuevas marcas que asomaban por los resplandecientes escaparates de los citados locales. Y así, modistos y empresarios, vendedores y mercachifles decidieron reducir también las tallas de la ropita que tan ansiadamente deseaban vender al resto de los fieles. Y los fieles, como bien saben, son en su mayoría jóvenes que siempren necesitan ponerse encima toda clase de prendas que ven anunciadas por la tele o en las revistas, con las cuales pueden sentirse a salvo, perteneciendo al rebaño tan fácilmente domesticado. Ropita gris para chicos con carita de afectados y coeficiente -10, colorines agresivos e impresionantes destellos de modernidad pastillera para ellas; imagínate la película.
El caso es que las tallas de los pantalones y hasta las camisas eran tan mínimas que provocaban más de una indignación para algún/a adolescente que quedaba fuera de estadística, marginada y a dos pasos del complejo de gorda que no encuentra unos pantalones decentes donde entrar sin calzador. Yo desde luego también me irritaría y defecaría sobre el Todopoderoso viendo lo que hay y teniendo que buscar y rebuscar por otros comercios que no fueran esos tan en voga, donde todos van... dios qué trauma! Además el resto de tiendas de ropa fué tomando ejemplo del buen hacer de estas galerías megafashion y no dudaron en actualizar su imagen exponiendo esas gloriosas marcas, imitaciones incluidas, que tanto furor causaban en la juventud divinotesoro. Y por supuesto, los maniquies fueron renovados y se comenzó a valorar en gran medida a estas altivas figuras que lucían las prendas más IN del mercado, por eso rápidamente se encargaron montañas a la fábrica, donde Blas dejaba su vida de siete a cuatro. La productividad creció de manera increíble teniendo incluso que ser ampliada la plantilla, contratando para ello a un buen número de jóvenes deseosos de trabajar y ser explotados por cuatro duros (céntimos) de mierda.
Blas sonreía y paría cientos de muñecos diarios. La ciudad era un nido de plástico. Desde sus parques hasta la plaza central, de los bares a los supermercados, ciudadanos ya inmunes a la alegría pululaban como maniquíes, casi casi igualitos a los que ocupaban los escaparates, con o sin rebajas. Antes de entrar a un establecimiento miramos atentos lo que hay afuera, lo que se nos ofrece, esa camisa amarilla con rayas en las mangas. Preciosa. Una oferta única, de esas de pague tres y lleve dos. La chaquetita de imitación del cuero que da el pego perfectamente, si es que no viene el típico listillo o listilla que te toca las narices diciéndote que ja,ja no es auténtico.
En fin, que los nuevos maniquies anoréxicos se exponen lustrosos con ajustadas vestimentas para pesos dignos del tercer mundo. Los gorditos se cabrean y muerden en la cara a las dependientas con chicle en la boca y las gorditas lloran sin control porque no caben en esos nuevos pantalones de campana que tan bien le sientan a la amiga de turno, a la prima y a la pija de clase que va marcando culo terriblemente. Snif, mamá, snif! Debo adelgazar a toda costa; no me pongas alubias ni me permitas comer bollos, ni tan siquiera en el desayuno. Así pasan los meses y las madres se preocupan y llevan a sus hijas al médico con una anemia de tres pares de...narices. Es que cree que está gorda, es que no le vale la ropa que hay en las tiendas. Es que las tallas son bajísimas pero la modelo Josefina Fox las luce divinamente y aún le sobra talla. Qué mundo este!
Blas pasea por la ciudad y mira vitrinas, escaparates, terrazas de cafetería donde llega la dulce fragancia del humo de los coches, las tascas infectadas en las que bebe y olvida la jornada laboral. La fábrica sigue funcionando a tope. Ahora se permiten el lujo de crear a sus figuras con rasgos faciales bien matizados, siendo hasta guapos e incluso sonríen de oreja a oreja con esos tipitos tan finos. Tal vez la crisis vuelva un día a la empresa pues no hará falta tanta producción. Ya hay demasiadas figuras en todos los comercios, todas iguales, cortadas por el mismo patrón, salidas del mismo molde y con el mismo vacío espíritu. Aunque de momento eso es algo que no importa mucho a nadie. Sí, la ciudad sigue siendo la misma, con sus respetables y cívicos ciudadanos que perfectamente podrían ocupar el puesto de estos misteriosos seres de plástico que ni sienten ni padecen ni se niegan a nada, siempre tan dispuestos a dejarse manejar por las manos frías de cualquier vendedor... Cada vez tengo más dudas de cual es la imitación y cual el original entre esta manada de ligeras y correctas estatuas... ¿Lo sabes tú amigo?

23 de mayo de 2010
Aldous Huxley y Erich Fromm en "Nueva visita a un mundo feliz" (1960)

"Nuestra sociedad occidental contemporánea, a pesar de su progreso material, intelectual y político, ayuda cada vez menos a la salud mental y tiende a socavar la seguridad interior, la felicidad, la razón y la capacidad para el amor del individuo; tiende a convertirlo en un autómata que paga su frustración como ser humano con transtornos mentales crecientes y una desesperación que se oculta bajo un frenético afán de trabajo y supuestos placeres.[...]
Pero huyamos de definir la higiene mental como la prevención de los síntomas. Los síntomas no son como tales nuestro enemigo, sino nuestro amigo; donde hay síntomas hay conflicto y el conflicto siempre indica que las fuerzas vitales que luchan por la integración y la felicidad siguen combatiendo todavía."
Donde cabe hallar a las víctimas realmente incurables de la enfermedad mental es entre quienes parecen los más normales.
"Muchos de ellos son normales —dice el doctor Fromm— porque se han ajustado muy bien a nuestro modo de existencia, porque su voz humana ha sido acallada a edad muy temprana de sus vidas que ya ni siquiera luchan, padecen o tienen síntomas, en contraste con lo que al neurótico sucede." Son normales, no en lo que podría llamarse el sentido absoluto de la palabra, sino únicamente en relación con una sociedad profundamente anormal. Su perfecta adaptación a esa sociedad anormal es una medida de la enfermedad mental que padecen.
Estos millones de personas anormalmente normales, que viven sin quejarse en una sociedad a la que, si fueran seres humanos cabales, no deberían estar adaptados, todavía acarician "la ilusión de la individualidad", pero de hecho han quedado en gran medida desindividualizadas. Su conformidad está derivando hacia algo que se parece a la uniformidad. Pero "uniformidad y libertad son incompatibles. Uniformidad y salud mental son incompatibles también... El hombre no está hecho para ser un autómata y, si se convierte en tal, la base de la salud mental queda destruida".
En el curso de la evolución, la naturaleza se ha tomado muchísimo trabajo para que todo individuo sea distinto de cualquier otro individuo. Nos reproducimos poniendo en contacto los genes del padre con los de la madre. estos factores hereditarios pueden combinarse en un número de modos casi infinito. Física y mentalmente, cada uno de nosotros es único. Cualquier cultura que en interés de la eficiencia o en nombre de cualquier dogma político o religioso trate de uniformar al individuo humano, comete un ultraje contra la naturaleza biológica del hombre.
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Manifiesto Canibal Dada
Todos vosotros estáis acusados.
¡Levantaos! El orador no puede hablaros si no estais de pie.
De pie como para cantar la Marsellesa
de pie como para cantar el himno ruso.
de pie como para cantar el God save the king,
de pie como ante la bandera.
En fin, de pie ante DADA que representa la vida y que os acusa de amar todo por snobismo,
siempre que sea suficientemente costoso.
¿Os habéis sentado de nuevo? Tanto mejor, así vais a escucharme con mayor atención.
¿Qué hacéis aquí, amontonados como ostras serias? - porque vosotros sois serios
¿no es verdad?
Serios, serios, serios hasta la muerte.
La muerte es una cosa seria, ¿no?
Se muere héroe o como un idiota, que es lo mismo.
La única palabra que no es efímera es la palabra muerte.
Vosotros amais la muerte... la muerte de los otros.
¡Que los maten! ¡Que se mueran!
El único que no muere es el dinero, sólo parte de viaje.
Es el Dios a quien se respeta, el personaje serio -dinero, respeto de las familias.
Honor, honor al dinero; el hombre que tiene dinero es un hombre honorable.
El honor se compra y se vende igual que el culo.
El culo, el culo representa la vida, representa la vida como las papas fritas,
y todos vosotros que sois ricos, oleréis peor que la mierda de vaca.
DADA no huele a nada, no es nada, nada.
Es como vuestras esperanzas: nada,
como vuestro paraíso: nada,
como vuestros ídolos: nada,
como vuestros políticos: nada,
como vuestros héroes: nada,
como vuestros artistas: nada,
como vuestras religiones: nada.
Silbad, gritad, rompedme la jeta, ¿y después?, ¿y después?
Aún os diré que vosotros sois verdaderos cretinos. Dentro de tres meses mis amigos y yo os estaremos vendiendo nuestros cuadros por unos pocos francos.
Francis Picabia (tomado de Dada nº7, Dadaphone, París 1920)
¡Levantaos! El orador no puede hablaros si no estais de pie.
De pie como para cantar la Marsellesa
de pie como para cantar el himno ruso.
de pie como para cantar el God save the king,
de pie como ante la bandera.
En fin, de pie ante DADA que representa la vida y que os acusa de amar todo por snobismo,
siempre que sea suficientemente costoso.
¿Os habéis sentado de nuevo? Tanto mejor, así vais a escucharme con mayor atención.
¿Qué hacéis aquí, amontonados como ostras serias? - porque vosotros sois serios
¿no es verdad?
Serios, serios, serios hasta la muerte.
La muerte es una cosa seria, ¿no?
Se muere héroe o como un idiota, que es lo mismo.
La única palabra que no es efímera es la palabra muerte.
Vosotros amais la muerte... la muerte de los otros.
¡Que los maten! ¡Que se mueran!
El único que no muere es el dinero, sólo parte de viaje.
Es el Dios a quien se respeta, el personaje serio -dinero, respeto de las familias.
Honor, honor al dinero; el hombre que tiene dinero es un hombre honorable.
El honor se compra y se vende igual que el culo.
El culo, el culo representa la vida, representa la vida como las papas fritas,
y todos vosotros que sois ricos, oleréis peor que la mierda de vaca.
DADA no huele a nada, no es nada, nada.
Es como vuestras esperanzas: nada,
como vuestro paraíso: nada,
como vuestros ídolos: nada,
como vuestros políticos: nada,
como vuestros héroes: nada,
como vuestros artistas: nada,
como vuestras religiones: nada.
Silbad, gritad, rompedme la jeta, ¿y después?, ¿y después?
Aún os diré que vosotros sois verdaderos cretinos. Dentro de tres meses mis amigos y yo os estaremos vendiendo nuestros cuadros por unos pocos francos.
Francis Picabia (tomado de Dada nº7, Dadaphone, París 1920)
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30 de abril de 2010
"Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro es difícil. Caminemos."
(Demian, Herman Hesse)
(Demian, Herman Hesse)

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26 de abril de 2010
Creatividad
Osho, el místico, habla sobre el arte y la creatividad
La creatividad es la mayor rebelión que hay en la existencia. Si quieres crear tienes que liberarte de todos los condicionamientos; si no, tu creatividad no será más que copiar, sólo será una copia. Sólo puedes ser creativo si eres un individuo, no puedes crear si formas parte de la psicología de masas. La psicología de masas no es creativa; va arrastrándose por la vida, no sabe lo que es bailar, cantar, no tiene alegría; es mecánica.
El creador no puede seguir un camino ya trillado. Tiene que buscar su propio camino, tiene que explorar las junglas de la vida. Tiene que ir solo; tiene que marginarse de la mente colectiva, de la psicología de masas. La mente colectiva es la mente más inferior del mundo, hasta los que llamamos idiotas son superiores a la idiotez colectiva. Pero la colectividad tiene sus propios sobornos: respeta a la gente y la honra siempre que continúen insistiendo en que el camino de la mente colectiva es el único camino correcto.
[...]La humanidad solo nacerá realmente el día que se respete al individuo en su rebelión. La humanidad aún no ha nacido, está todavía en el útero. Lo que tú llamas humanidad es solo un engaño. A menos que le demos libertad individual a cada persona, libertad absoluta para que sea él mismo, para que exista a su manera... Y, por supuesto, no debe de interferir con nadie; eso es parte de la libertad. Nadie debe de interferir con nadie más.
Pero en el pasado todo el mundo ha estado husmeando en los asuntos de los demás; incluso en cosas que son absolutamente privadas, que no tienen nada que ver con la sociedad. Por ejemplo, te enamoras de una mujer, ¿Qué tiene que ver eso con la sociedad? Es un fenómeno puramente personal, no le interesa a nadie. Si dos personas están de acuerdo en comulgar en amor, la sociedad no debería interferir. Pero la sociedad se inmiscuye de manera directa e indirecta con toda su parafernalia. El policía se interpondrá entre los amantes, el magistrado se interpondrá entre los amantes. Y si eso no fuera suficiente las sociedades han creado un superpolicía, Dios, para ocuparse de ti.
La noción de Dios es la de un mirón que no respeta tu intimidad ni siquiera en el cuarto de baño, te está mirando por el ojo de la cerradura observando lo que haces. ¡Es horrible! Todas las religiones del mundo dicen que Dios te está observando continuamente; es horroroso, ¿qué tipo de Dios es éste? ¿No tiene otra cosa que hacer que observar a todo el mundo, que seguir a todo el mundo?¡Parece el detective supremo!
La humanidad necesita un nuevo territorio, un territorio de libertad.[...]
La creatividad es la fragancia de la libertad individual.
El intelecto es algo engañoso, es algo falso. Es un sustituto de la inteligencia. La inteligencia es un fenómeno totalmente diferente; es lo real.[...]La inteligencia requiere que vayas siempre hacia lo desconocido, hacia el océano inexplorado. Entonces la inteligencia crece, se agudiza. La gente tiene miedo a lo desconocido, la gente se siente insegura con lo desconocido. No quieren ir más allá de lo conocido, por eso han creado un sustituto falso de la inteligencia, de plástico; lo llaman intelecto.
El intelecto es solo un juego mental. No puede ser creativo.
Puedes ir y mirar en las universidades y ver qué tipo de trabajo creativo se está llevando a cabo. Se escriben miles de tratados; doctorado en derecho, doctorado en filosofía, doctorado en literatura, se otorgan grandes títulos a la gente. Nadie llega a saber nunca qué pasa con sus tesis doctorales en derecho; se van convirtiendo en montones de basura en las bibliotecas. Nadie las lee nunca, nadie se inspira en ellas. Sí, algunas personas las leen; son el mismo tipo de personas que van a escribir otra tesis. Por supuesto las leerán los futuros doctores en derecho. Pero vuestras universidades no crean Shakespeares, Miltons, Dostoievskis, Tolstóis, Rabindranaths, Kahlil Gibrans. Vuestras universidades crean sólo basura, totalmente inútil. Ésta es la actividad intelectual que se está llevando a cabo en las universidades.
La inteligencia es una dimensión totalmente diferente. No tiene nada que ver con la cabeza, tiene algo que ver con el corazón. El intelecto está en la cabeza; la inteligencia es un estado de despertar del corazón. No existe la posibilidad de ninguna creatividad intelectual. Puede producir basura -es productiva, puede fabricar-, pero no puede crear. ¿Y cual es la diferencia entre fabricar y crear? Fabricar es una actividad mecánica. Pueden hacerlo las computadoras; ya lo están haciendo, y de una manera mucho más eficiente que el hombre. La inteligencia crea, no fabrica. Fabricar significa un ejercicio repetitivo: lo que ya ha sido hecho, tú lo vuelves a repetir una y otra vez. Creatividad significa traer algo nuevo a la existencia, hacer un lugar para que lo desconocido penetre en lo conocido, hacer un camino para que el cielo baje a la tierra.
La actividad intelectual puede haceros expertos en algunas cosas, prácticas, eficientes. Pero el intelecto está dando tumbos en la sombra. El intelecto es prestado, no tiene visión propia. El experto, el erudito, el intelectual, no tiene visión propia. Depende del conocimiento prestado, de la tradición, de la convención. Lleva bibliotecas enteras en la cabeza, un gran peso, pero no tiene visión. Sabe mucho sin saber nada en absoluto. Y como la vida no es la misma nunca -está constantemente cambiando, es nueva momento a momento- el experto siempre se queda atrás, su respuesta es siempre inadecuada. No puede responder porque no es espontáneo, sólo puede reaccionar. Ya ha sacado sus conclusiones; va cargado de respuestas preparadas y las preguntas que suscita la vida siempre son nuevas.
Además la vida no es un fenómeno lógico y el intelectual vive a través de la lógica; por eso nunca encaja con la vida y la vida nunca encaja con él. Por supuesto la vida no está perdida, es el intelectual quien está pedido. Se siente siempre como un extraño; no es que la vida le haya expulsado, él mismo ha decidido quedarse fuera de la vida. La vida es más que la lógica: la vida es paradoja, la vida es misterio. Cualquier cosa que estés haciendo a través del intelecto es sólo una interferencia basada en tu lógica; y tu lógica es un invento tuyo.
Todo ser humano nace siendo creativo. Observa a los niños y lo verás: todos los niños son creativos. Poco a poco, destruimos su creatividad. Poco a poco les imponemos creencias erróneas. Poco a poco, los distraemos. Poco a poco, les hacemos cada vez más interesados, políticos y ambiciosos.
Cuando la ambición aparece, la creatividad desaparece, porque un hombre ambicioso no puede ser creativo, un hombre ambicioso no puede amar ninguna actividad en sí misma. Mientras está pintando está mirando hacia delante; está pensando: "¿Cuando me van a dar el premio Nobel?" Cuando está escribiendo una novela está mirando hacia delante, siempre está en el futuro; y una persona creativa está siempre en el presente.
Un hombre que va detrás del dinero, del poder y del prestigio es un mendigo, porque continuamente pide. No tiene nada que darle al mundo. Si quieres fama entonces olvídate de la creatividad. Es más fácil hacerte famoso si eres destructivo. Es más fácil hacerte famoso si eres competitivo, violentamente competitivo. Es más fácil hacerse famoso, si puedes matar y destruir gente. Toda la historia es la historia de los asesinos. Si te conviertes en un asesino es muy fácil que alcances la fama. Te puedes convertir en un primer ministro, te puedes convertir en presidente, pero todo esto son máscaras. Detrás de ellas encontrarás escondida gente muy violenta, gente terriblemente violenta, sonriendo. Esas sonrisas son políticas, diplomáticas. Si la máscara cae siempre encontrarás escondido detrás a un Genghis Khan, un Tamurlaine, un Nadir Shah, un Napoleón, un Alejandro Magno, un Hitler.
Si anhelas la fama, no hables de creatividad. No estoy diciendo que la persona creativa nunca alcance la fama; pero raramente llega, muy raramente. Es más por accidente, y lleva mucho tiempo. Casi siempre sucede que cuando la persona creativa alcanza la fama, ya no está; es siempre póstuma, llega con retraso.
Cuanto más grande es la persona, más tiempo le cuesta a la gente reconocerlo. A la persona creativa le cuesta cientos de años ser reconocida, y eso tampoco es seguro. Por eso, si estás buscando algo en el nombre de la creatividad, entonces renuncia a la idea de ser creativo. Por lo menos conscientemente, deliberadamente, haz todo lo que quieras hacer. Nunca te ocultes detrás de máscaras. Si realmente quieres ser creativo, entonces no se trata de dinero, éxito, prestigio, respetabilidad; entonces disfrutas de tu actividad, entonces cada acto tiene un valor intrínseco. Bailas porque te gusta bailar; bailas porque disfrutas de ello. Si alguien lo aprecia, bien, sientes agradecimiento. Si nadie lo aprecia, no es asunto tuyo preocuparte de ello. Has bailado, has disfrutado; ya estás satisfecho.
Toda la estructura de nuestra vida es tal que se nos enseña que a menos que tengamos reconocimiento no somos nadie, no valemos nada. El trabajo no es importante, pero sí el reconocimiento. Y esto es poner las cosas boca abajo. Tu satisfacción debería estar en el mismo trabajo.
Tal como es ahora, el mundo te tiene atrapado en un patrón miserable. Lo que haces no es bueno porque te guste, porque lo hagas perfectamente, sino porque el mundo lo reconoce, lo premia, te da medallas de oro, te dan premios Nobel. Puesto que no pueden conceder millones de premios Nobel, le han quitado todo el valor intrínseco a la creatividad y han destruido a millones de personas. Han creado el deseo de reconocimiento en todo el mundo, de modo que nadie puede trabajar en paz, silenciosamente, disfrutando de lo que está haciendo.
Los padres, los profesores, están siempre haciendo hincapié en que debes ser reconocido, en que debes ser aceptado. Ésta es una estrategia muy ingeniosa para mantener a la gente bajo control.
Las así llamadas personas reconocidas, la gente distinguida en algo, están llenas de basura y nada más. Pero están llenas de la basura con que la sociedad quiere que se llenen; y la sociedad les compensa dándoles premios.
Cualquier hombre que tenga un sentido de su propia individualidad vive de su propio amor, de su propio trabajo, sin ocuparse en absoluto de lo que piensan los demás. Cuanto más valioso sea tu trabajo, menos posibilidaddes de conseguir alguna respetabilidad por él. Y si tu trabajo es el trabajo de un genio entonces no vas a ser respetado durante tu vida. Durante tu vida serás criticado..., luego, después de dos o tres siglos, te harán estatuas, tus libros serán respetados; porque a la humanidad le cuesta casi dos o tres siglos reunir tanta inteligencia como la que hoy tiene el genio. La diferencia es enorme.
Si eres respetado por idiotas tienes que comportarte de acuerdo a sus costumbres, a sus expectativas. Para ser respetado por una humanidad enferma tienes que estar más enfermo que ellos. Entonces te respetarán. Pero¿qué ganarás tú? Perderás tu alma, y no ganarás nada.
Recuerda, una persona creativa siempre está probando caminos incorrectos. Nunca serás creativo si para hacer algo siempre sigues el camino correcto, porque el camino correcto significa el camino descubierto por otros. Y el camino correcto significa que, por supuesto, serás capaz de hacer algo, serás un productor, un fabricante, serás un técnico, pero no serás un creador.
El noventa y nueve por ciento del arte no es arte en absoluto, es basura. Raramente hay un trabajo artístico, muy raramente. Los demás son solo imitadores, técnicos; gente habilidosa, gente ingeniosa, pero no artistas. Y si ese noventa y nueve por ciento de arte desaparece de la Tierra será una bendición; porque es más parecido a un vómito que a algo creativo.
Todo el mundo entiende el pasado, todo el mundo ha sido educado para entenderlo. Traer algo nuevo al mundo significa que nadie será capaz de apreciarlo; es tan nuevo que no hay ningún criterio con el que pueda ser evaluado.
La humanidad es lenta, está aletargada, se queda rezagada. Y la persona creativa va siempre por delante de su tiempo, de ahí la brecha.
Así que no te preocupes de qué es el verdadero arte. Si haciéndolo disfrutas, si haciéndolo te pierdes, si haciéndolo te sientes inundado de alegría y paz, es verdadero arte. Y no te preocupes de lo que digan los críticos. Los críticos no saben nada de arte. De hecho, las personas que no pueden ser artistas se hacen críticos. Si no puedes participar en una carrera, si no puedes ser un corredor olímpico, por lo menos puedes estar a un lado de la pista y tirarles piedras a los corredores; eso lo puedes hacer fácilmente. Eso es lo que están haciendo los críticos. No pueden ser participantes, no pueden crear nada.
La creatividad es la mayor rebelión que hay en la existencia. Si quieres crear tienes que liberarte de todos los condicionamientos; si no, tu creatividad no será más que copiar, sólo será una copia. Sólo puedes ser creativo si eres un individuo, no puedes crear si formas parte de la psicología de masas. La psicología de masas no es creativa; va arrastrándose por la vida, no sabe lo que es bailar, cantar, no tiene alegría; es mecánica.
El creador no puede seguir un camino ya trillado. Tiene que buscar su propio camino, tiene que explorar las junglas de la vida. Tiene que ir solo; tiene que marginarse de la mente colectiva, de la psicología de masas. La mente colectiva es la mente más inferior del mundo, hasta los que llamamos idiotas son superiores a la idiotez colectiva. Pero la colectividad tiene sus propios sobornos: respeta a la gente y la honra siempre que continúen insistiendo en que el camino de la mente colectiva es el único camino correcto.
[...]La humanidad solo nacerá realmente el día que se respete al individuo en su rebelión. La humanidad aún no ha nacido, está todavía en el útero. Lo que tú llamas humanidad es solo un engaño. A menos que le demos libertad individual a cada persona, libertad absoluta para que sea él mismo, para que exista a su manera... Y, por supuesto, no debe de interferir con nadie; eso es parte de la libertad. Nadie debe de interferir con nadie más.
Pero en el pasado todo el mundo ha estado husmeando en los asuntos de los demás; incluso en cosas que son absolutamente privadas, que no tienen nada que ver con la sociedad. Por ejemplo, te enamoras de una mujer, ¿Qué tiene que ver eso con la sociedad? Es un fenómeno puramente personal, no le interesa a nadie. Si dos personas están de acuerdo en comulgar en amor, la sociedad no debería interferir. Pero la sociedad se inmiscuye de manera directa e indirecta con toda su parafernalia. El policía se interpondrá entre los amantes, el magistrado se interpondrá entre los amantes. Y si eso no fuera suficiente las sociedades han creado un superpolicía, Dios, para ocuparse de ti.
La noción de Dios es la de un mirón que no respeta tu intimidad ni siquiera en el cuarto de baño, te está mirando por el ojo de la cerradura observando lo que haces. ¡Es horrible! Todas las religiones del mundo dicen que Dios te está observando continuamente; es horroroso, ¿qué tipo de Dios es éste? ¿No tiene otra cosa que hacer que observar a todo el mundo, que seguir a todo el mundo?¡Parece el detective supremo!
La humanidad necesita un nuevo territorio, un territorio de libertad.[...]
La creatividad es la fragancia de la libertad individual.
El intelecto es algo engañoso, es algo falso. Es un sustituto de la inteligencia. La inteligencia es un fenómeno totalmente diferente; es lo real.[...]La inteligencia requiere que vayas siempre hacia lo desconocido, hacia el océano inexplorado. Entonces la inteligencia crece, se agudiza. La gente tiene miedo a lo desconocido, la gente se siente insegura con lo desconocido. No quieren ir más allá de lo conocido, por eso han creado un sustituto falso de la inteligencia, de plástico; lo llaman intelecto.
El intelecto es solo un juego mental. No puede ser creativo.
Puedes ir y mirar en las universidades y ver qué tipo de trabajo creativo se está llevando a cabo. Se escriben miles de tratados; doctorado en derecho, doctorado en filosofía, doctorado en literatura, se otorgan grandes títulos a la gente. Nadie llega a saber nunca qué pasa con sus tesis doctorales en derecho; se van convirtiendo en montones de basura en las bibliotecas. Nadie las lee nunca, nadie se inspira en ellas. Sí, algunas personas las leen; son el mismo tipo de personas que van a escribir otra tesis. Por supuesto las leerán los futuros doctores en derecho. Pero vuestras universidades no crean Shakespeares, Miltons, Dostoievskis, Tolstóis, Rabindranaths, Kahlil Gibrans. Vuestras universidades crean sólo basura, totalmente inútil. Ésta es la actividad intelectual que se está llevando a cabo en las universidades.
La inteligencia es una dimensión totalmente diferente. No tiene nada que ver con la cabeza, tiene algo que ver con el corazón. El intelecto está en la cabeza; la inteligencia es un estado de despertar del corazón. No existe la posibilidad de ninguna creatividad intelectual. Puede producir basura -es productiva, puede fabricar-, pero no puede crear. ¿Y cual es la diferencia entre fabricar y crear? Fabricar es una actividad mecánica. Pueden hacerlo las computadoras; ya lo están haciendo, y de una manera mucho más eficiente que el hombre. La inteligencia crea, no fabrica. Fabricar significa un ejercicio repetitivo: lo que ya ha sido hecho, tú lo vuelves a repetir una y otra vez. Creatividad significa traer algo nuevo a la existencia, hacer un lugar para que lo desconocido penetre en lo conocido, hacer un camino para que el cielo baje a la tierra.
La actividad intelectual puede haceros expertos en algunas cosas, prácticas, eficientes. Pero el intelecto está dando tumbos en la sombra. El intelecto es prestado, no tiene visión propia. El experto, el erudito, el intelectual, no tiene visión propia. Depende del conocimiento prestado, de la tradición, de la convención. Lleva bibliotecas enteras en la cabeza, un gran peso, pero no tiene visión. Sabe mucho sin saber nada en absoluto. Y como la vida no es la misma nunca -está constantemente cambiando, es nueva momento a momento- el experto siempre se queda atrás, su respuesta es siempre inadecuada. No puede responder porque no es espontáneo, sólo puede reaccionar. Ya ha sacado sus conclusiones; va cargado de respuestas preparadas y las preguntas que suscita la vida siempre son nuevas.
Además la vida no es un fenómeno lógico y el intelectual vive a través de la lógica; por eso nunca encaja con la vida y la vida nunca encaja con él. Por supuesto la vida no está perdida, es el intelectual quien está pedido. Se siente siempre como un extraño; no es que la vida le haya expulsado, él mismo ha decidido quedarse fuera de la vida. La vida es más que la lógica: la vida es paradoja, la vida es misterio. Cualquier cosa que estés haciendo a través del intelecto es sólo una interferencia basada en tu lógica; y tu lógica es un invento tuyo.
Todo ser humano nace siendo creativo. Observa a los niños y lo verás: todos los niños son creativos. Poco a poco, destruimos su creatividad. Poco a poco les imponemos creencias erróneas. Poco a poco, los distraemos. Poco a poco, les hacemos cada vez más interesados, políticos y ambiciosos.
Cuando la ambición aparece, la creatividad desaparece, porque un hombre ambicioso no puede ser creativo, un hombre ambicioso no puede amar ninguna actividad en sí misma. Mientras está pintando está mirando hacia delante; está pensando: "¿Cuando me van a dar el premio Nobel?" Cuando está escribiendo una novela está mirando hacia delante, siempre está en el futuro; y una persona creativa está siempre en el presente.
Un hombre que va detrás del dinero, del poder y del prestigio es un mendigo, porque continuamente pide. No tiene nada que darle al mundo. Si quieres fama entonces olvídate de la creatividad. Es más fácil hacerte famoso si eres destructivo. Es más fácil hacerte famoso si eres competitivo, violentamente competitivo. Es más fácil hacerse famoso, si puedes matar y destruir gente. Toda la historia es la historia de los asesinos. Si te conviertes en un asesino es muy fácil que alcances la fama. Te puedes convertir en un primer ministro, te puedes convertir en presidente, pero todo esto son máscaras. Detrás de ellas encontrarás escondida gente muy violenta, gente terriblemente violenta, sonriendo. Esas sonrisas son políticas, diplomáticas. Si la máscara cae siempre encontrarás escondido detrás a un Genghis Khan, un Tamurlaine, un Nadir Shah, un Napoleón, un Alejandro Magno, un Hitler.
Si anhelas la fama, no hables de creatividad. No estoy diciendo que la persona creativa nunca alcance la fama; pero raramente llega, muy raramente. Es más por accidente, y lleva mucho tiempo. Casi siempre sucede que cuando la persona creativa alcanza la fama, ya no está; es siempre póstuma, llega con retraso.
Cuanto más grande es la persona, más tiempo le cuesta a la gente reconocerlo. A la persona creativa le cuesta cientos de años ser reconocida, y eso tampoco es seguro. Por eso, si estás buscando algo en el nombre de la creatividad, entonces renuncia a la idea de ser creativo. Por lo menos conscientemente, deliberadamente, haz todo lo que quieras hacer. Nunca te ocultes detrás de máscaras. Si realmente quieres ser creativo, entonces no se trata de dinero, éxito, prestigio, respetabilidad; entonces disfrutas de tu actividad, entonces cada acto tiene un valor intrínseco. Bailas porque te gusta bailar; bailas porque disfrutas de ello. Si alguien lo aprecia, bien, sientes agradecimiento. Si nadie lo aprecia, no es asunto tuyo preocuparte de ello. Has bailado, has disfrutado; ya estás satisfecho.
Toda la estructura de nuestra vida es tal que se nos enseña que a menos que tengamos reconocimiento no somos nadie, no valemos nada. El trabajo no es importante, pero sí el reconocimiento. Y esto es poner las cosas boca abajo. Tu satisfacción debería estar en el mismo trabajo.
Tal como es ahora, el mundo te tiene atrapado en un patrón miserable. Lo que haces no es bueno porque te guste, porque lo hagas perfectamente, sino porque el mundo lo reconoce, lo premia, te da medallas de oro, te dan premios Nobel. Puesto que no pueden conceder millones de premios Nobel, le han quitado todo el valor intrínseco a la creatividad y han destruido a millones de personas. Han creado el deseo de reconocimiento en todo el mundo, de modo que nadie puede trabajar en paz, silenciosamente, disfrutando de lo que está haciendo.
Los padres, los profesores, están siempre haciendo hincapié en que debes ser reconocido, en que debes ser aceptado. Ésta es una estrategia muy ingeniosa para mantener a la gente bajo control.
Las así llamadas personas reconocidas, la gente distinguida en algo, están llenas de basura y nada más. Pero están llenas de la basura con que la sociedad quiere que se llenen; y la sociedad les compensa dándoles premios.
Cualquier hombre que tenga un sentido de su propia individualidad vive de su propio amor, de su propio trabajo, sin ocuparse en absoluto de lo que piensan los demás. Cuanto más valioso sea tu trabajo, menos posibilidaddes de conseguir alguna respetabilidad por él. Y si tu trabajo es el trabajo de un genio entonces no vas a ser respetado durante tu vida. Durante tu vida serás criticado..., luego, después de dos o tres siglos, te harán estatuas, tus libros serán respetados; porque a la humanidad le cuesta casi dos o tres siglos reunir tanta inteligencia como la que hoy tiene el genio. La diferencia es enorme.
Si eres respetado por idiotas tienes que comportarte de acuerdo a sus costumbres, a sus expectativas. Para ser respetado por una humanidad enferma tienes que estar más enfermo que ellos. Entonces te respetarán. Pero¿qué ganarás tú? Perderás tu alma, y no ganarás nada.
Recuerda, una persona creativa siempre está probando caminos incorrectos. Nunca serás creativo si para hacer algo siempre sigues el camino correcto, porque el camino correcto significa el camino descubierto por otros. Y el camino correcto significa que, por supuesto, serás capaz de hacer algo, serás un productor, un fabricante, serás un técnico, pero no serás un creador.
El noventa y nueve por ciento del arte no es arte en absoluto, es basura. Raramente hay un trabajo artístico, muy raramente. Los demás son solo imitadores, técnicos; gente habilidosa, gente ingeniosa, pero no artistas. Y si ese noventa y nueve por ciento de arte desaparece de la Tierra será una bendición; porque es más parecido a un vómito que a algo creativo.
Todo el mundo entiende el pasado, todo el mundo ha sido educado para entenderlo. Traer algo nuevo al mundo significa que nadie será capaz de apreciarlo; es tan nuevo que no hay ningún criterio con el que pueda ser evaluado.
La humanidad es lenta, está aletargada, se queda rezagada. Y la persona creativa va siempre por delante de su tiempo, de ahí la brecha.
Así que no te preocupes de qué es el verdadero arte. Si haciéndolo disfrutas, si haciéndolo te pierdes, si haciéndolo te sientes inundado de alegría y paz, es verdadero arte. Y no te preocupes de lo que digan los críticos. Los críticos no saben nada de arte. De hecho, las personas que no pueden ser artistas se hacen críticos. Si no puedes participar en una carrera, si no puedes ser un corredor olímpico, por lo menos puedes estar a un lado de la pista y tirarles piedras a los corredores; eso lo puedes hacer fácilmente. Eso es lo que están haciendo los críticos. No pueden ser participantes, no pueden crear nada.

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Nos sentimos orgullosos de no estar sujetos a ninguna autoridad externa, de ser libres de expresar nuestros pensamientos y emociones, y damos por supuesto que esta libertad garantiza —casi de manera automática— nuestra individualidad. El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios; la libertad de la autoridad exterior constituirá una victoria duradera solamente si las condiciones psicológicas íntimas son tales que nos permitan establecer una verdadera individualidad propia.
Erich Fromm en El miedo a la libertad, 1941
Erich Fromm en El miedo a la libertad, 1941
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El perro y el frasco
"Mi perro bonito, mi lindo perro, mi querido chucho, acércate y ven a respirar un excelente perfume comprado en la mejor perfumería de la ciudad."
Y el perro, moviendo la cola, lo que, según creo, es, entre estos pobres seres, el signo que corresponde a la sonrisa y a la risa, se acerca y pone, curioso, su húmeda nariz sobre el frasco destapado; luego retrocediendo súbitamente y con espanto, me ladra a manera de reproche.
"¡Ah!, miserable perro; si te hubiera ofrecido un paquete de excrementos, los habrías olfateado con deleite y hasta quizá devorado. De esta suerte, tú mismo, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, al que nunca debe presentársele delicados perfumes que lo exasperen, sino detritus cuidadosamente elegidos".
Charles Baudelaire
Y el perro, moviendo la cola, lo que, según creo, es, entre estos pobres seres, el signo que corresponde a la sonrisa y a la risa, se acerca y pone, curioso, su húmeda nariz sobre el frasco destapado; luego retrocediendo súbitamente y con espanto, me ladra a manera de reproche.
"¡Ah!, miserable perro; si te hubiera ofrecido un paquete de excrementos, los habrías olfateado con deleite y hasta quizá devorado. De esta suerte, tú mismo, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, al que nunca debe presentársele delicados perfumes que lo exasperen, sino detritus cuidadosamente elegidos".
Charles Baudelaire

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20 de abril de 2010
La casa rellena de delfines
Hay una televisión encendida y un anuncio publicitario.
La cama se hunde y es de noche.
En la casa habita un cuaderno de apuntes.
Obscenos viajes a París vestido de lagartija.
El tintero desahoga sus últimas frustraciones.
Mañana menos y peor; soy optimista.
Alaridos en un pequeño envase metalizado,
es suficiente para la cena.
Lo de siempre en mi corazón taladrado
y el cubo de la basura canta en la ducha.
La soga está bien preparada,
una oración en Re menor...
Me encanta despertar a los vecinos
mientras diseño una bomba para volarme los sesos.
Enciendo un suspiro y escucho canciones escritas por mí,
siempre junto a mi amante la cuchilla de afeitar.
Hay un padre que pudre en el piso de enfrente.
No regué las plantas y por ello me ahorco.
Las mariposas me odian, creen que soy un snob.
Pero no es así, me gusta el sexo,
el tuyo en particular, con su bosque de gnomos dementes...
Me tumbo en la cama y te sueño como un idiota.
No eres buena, mándame un hara kiri por correo
y juro que te fumaré en pipa.
Oh baby, tú me vuelves cuerdo,
completamente sobrio...
Atrévete a hablarme, estoy en casa roto.
Me asfixio y ya es tarde.
La cama se hunde y es de noche.
En la casa habita un cuaderno de apuntes.
Obscenos viajes a París vestido de lagartija.
El tintero desahoga sus últimas frustraciones.
Mañana menos y peor; soy optimista.
Alaridos en un pequeño envase metalizado,
es suficiente para la cena.
Lo de siempre en mi corazón taladrado
y el cubo de la basura canta en la ducha.
La soga está bien preparada,
una oración en Re menor...
Me encanta despertar a los vecinos
mientras diseño una bomba para volarme los sesos.
Enciendo un suspiro y escucho canciones escritas por mí,
siempre junto a mi amante la cuchilla de afeitar.
Hay un padre que pudre en el piso de enfrente.
No regué las plantas y por ello me ahorco.
Las mariposas me odian, creen que soy un snob.
Pero no es así, me gusta el sexo,
el tuyo en particular, con su bosque de gnomos dementes...
Me tumbo en la cama y te sueño como un idiota.
No eres buena, mándame un hara kiri por correo
y juro que te fumaré en pipa.
Oh baby, tú me vuelves cuerdo,
completamente sobrio...
Atrévete a hablarme, estoy en casa roto.
Me asfixio y ya es tarde.
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