8 de marzo de 2010

Nadería

No me gusta nada.
Nada quiero.
Solo el desastre me atrae
y ni tan siquiera los dientes anales
de un cráneo fémino y suave.

Ni un elixir de furcia
ni una cucharada de soma.

Nada me seduce,
nadie fue capaz,
ni me venden sus inventos
ni sus planes de futuro
con cadáver y vainilla.

Antagonista de todo,
psicoviajero de infamias,
esquizofrenia a la carta.

No te amo... yo también

El charco tiene cara
y tu fotografía es grata.
Sutílmente te enveneno
y te quiero, te amo
y hago trizas tus curvas.

A veces eres como un pico sin pájaro,
como un cactus humano,
un cuadro de Chagall reciente
pintado sobre mi asfaltada nuca.

Yo te quiero, reitero,
aunque no me conozcas,
y hay kilómetros de impotencia
cuando apareces en mi vida,
si ésto lo es.

Brilla la guitarra en melodías
dedicadas a tí...
y ¿para quién eres?
Para quien crea ficciones y universos vivos
que tú no sabrás apreciar... o sí.

Noticias Nuncaedición

Dicen por televisión que los zorros de la puerta transmiten ondas de hechizo vírico sujetado con grapas.

Pero creo que no puede ser cierto. Que lo que realmente es mentira, es que cualquier atropello debido al exceso de teatro puede a la larga producir la muerte por lascivia de miles y millones de erotómanos áridos y rutilantes.

Viva la información.

El Porqué

Porquería;
porque ría o llore
nada se altera,
ni cambia ni se estremece.

Nada nace sobre el cemento
solo porque ría.
Y es lo que veo,
la porquería nada en el río
mientras me río de nada.