14 de agosto de 2014
El hombre sumergido
Y casi hundido, pero vivo. Es verano, lo detesto y me escondo. Sumergido en mi mundo sin querer saber nada de sombrillas. Por eso llevo un paraguas; por si llueve y hay notas de colores. Me sumerjo porque huyo de la masa. El secreto no está en la masa. Y llevo puesta una pajarita que me da aspecto de idiota y saludo a algunos seres perdidos que pasean también sumergidos. Los ciudadanos de la superficie son como los muñecos de los semáforos. Ellos hablan de fútbol y yo me sumerjo. Las paellas en la playa agotan mi paciencia y me quitan las esperanzas en la raza humana. Una pareja de recién casados ha muerto acribillada a insultos que decían la verdad. Esto es poesía, amigo, es lo que hay, y si no te gusta vete a la playa, allí todos son iguales. Soy un hombre sumergido y además llevo un paraguas; eso me distingue. Espero que el temporal veraniego de ahí afuera termine de una vez para poder salir a la superficie, sonriente y con el revolver cargado para comenzar una revolución. Todo lo demás no me importa. Volarán por lo aires el señor presidente y sus ministros, las bodas y las chanclas de playa, los niñatos ruidosos y sus coches modernos, las discotecas y las fiestas de pijos nocturnas. Hasta entonces estoy sumergido, veo lo que hay y espero, con mi paraguas y una estúpida pajarita en el cuello, a que llegue la revolución de una vez por todas.
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lupo sol
8 de enero de 2014
Cadena de televisión

El caso es que sorprende bastante las caras que tienen, miren ustedes. No es ya que sean feos, que sin duda lo son, si no la expresión de enfado que muestran, de ceño fruncido, de malestar, por no acabar diagnosticando de manera definitiva una notable frustración sexual, que salta a la vista en menos que canta un gallo.
He escuchado un poco de lo que dicen, opinando como buenamente pueden sobre cosas del gobierno, de la pseudopolítica española, de los catalanes, de los vascos y qué se yo, de montón de cosas que suelen salir en los titulares de los periódicos que hay en los quioscos de la capital de españa, aunque como casi todo el mundo sabe ya, la mayor parte de esos periódicos no dicen la verdad ni en el numerito de la página.
Siguiendo con estos personajes que salían en esta cadena de televisión tan bonita, he de decir que me da un poco de pena verlos, pues pienso que deben haber sufrido mucho en esta vida, ¡si solo hay que mirarles a la cara! Pobrecitos, tan serios y así como tan resentidos de todo... es una pena, yo creo que deberíamos ayudarles, tenderles la mano, pues también son personas aunque no lo parezcan, acogerles, pues en este país cabemos todos y no hay por qué estar mal.
Imagínense las cosas que son capaces de decir, auténticas majaderías, sin lugar a dudas, que muestran una falta total de tolerancia y de comprensión dignas del primate más bruto pero ahí los tienen, ¡nada menos que en una cadena de televisión!. También han dicho algo sobre la iglesia y el papa y otra serie de estupideces muy características de la españa antigua y zombi de hace cincuenta años. Claro, ahora les comprendo más, pobrecitos, ¡son católicos! imagínense ustedes qué represión han debido de sufrir en la vida, represión sexual absoluta y vaya usted a saber si no han sido víctimas de abusos en la infancia por parte del mismísimo párroco del barrio ¡con las cosas tan feas que ha hecho la iglesia y la religión en general!
Pues ahí les tienen, un canal propio para ellos, hala, que también son hijos de dios; del suyo, claro está.
Yo en su día quise hacer un canal de televisión con unos amigos, hace mucho tiempo, pero la cosa no pudo salir adelante, ¿ven? y eso siendo inteligentes y con ideas, y mira estos que son así, con esta minusvalía y salen por la tele aunque sea a decir bobadas, pero ahí pasan el rato, los pobres...
18 de diciembre de 2012
Reunión de vecinos

Ocho de la tarde y ya es de noche. Hoy toca reunión de vecinos. Se han de tratar algunas cuestiones: las obras para el ascensor, el agua de la vecina del tercero que no deja de caer, el sistema inmunológico de los batracios durante la menopausia y todas las cosas que nos gustan.
Mis avances en el arte del dibujo me sorprenden a mí mismo y éste que les muestro es un retrato fiel, hiperrealista, casi fotográfico, de lo que es la reunión de que les hablo.
Jacinto, Rosi, Darío y otros señores casi decentes se forman en círculo y comienzan a gritar. Eso es lo primero que debe hacerse en una auténtica reunión vecinal. No hay niños, no hay lugar para ellos ahora, estorban. En realidad casi todos estos señorones y señoronas de edad avanzada están quemados el uno por el otro.
Están hartos de oir discutir a gritos a los hermanos, hijos de Rosi, del segundo centro. Todos saben que andan metidos en drogas. Al pequeño de ellos se le oye berrear por el patio, y es imposible de distinguir lo que dice pues no vocaliza, a causa de los nervios y de tanta ira que dispara hacia su hermano. Insulta a su madre y muchos ya se imaginan que es por eso; porque es un cocadicto y que además vende. Todos los domingos por la mañana tienen jaleo.
Darío, del primero centro, está sordo y puedes oir su televisión a la una de la madrugada tranquilamente, como si la tuvieras en tu propia casa. Por eso, los demás vecinos del primer piso han bajado a la reunión deseosos de increparle e incluso es posible que alguno de ellos vaya armado con algún objeto punzante y dañino, esperando la ocasión, el mínimo desaire del señor Darío, para abalanzarse sobre él y aplicarle una merecida sesión de acupuntura despiadada y vecinal.
¿Qué decir de los perritos? Tampoco aquí hay lugar para ellos. Pero cada vez hay más en este edificio. Están de moda. Y los perros rascan en el suelo a las siete de la mañana y eso molesta.
Hay ganas de ajusticiamiento para esa pareja de vecinos jóvenes que ha llegado hace un par de meses escasos al vecindario. Tal vez sean recién casados pero el caso es que tienen un perrillo de esos, tipo bulldog, o como se llame esa raza de perro enano y feo. Y el perro mea donde no debe. Ella es guapa y parece simpática. Tiene una estupenda y repelente voz de pito, pero la toleran porque es pelirroja. El maromo es un nota con cara de gilipollas, como casi todos los jóvenes modernos, y gasta trazas de tipo vulgar, hecho a molde. Pero tiene coche, y quién sabe si a lo mejor carrera, y eso ya parece ser suficiente para tener hacia él mayor consideración que hacia otros.
La vieja del cuarto ha destrozado el tendedero de ropa de los del tercero porque se le ha caído un tiesto, y ahora dice que ella no ha sido, ni era su tiesto ni era nada. Se la ve que no es muy lista, aunque en realidad da pena, porque tiene que soportar a un marido alto, con boina, e intoxicación etílica permanente. Una vida de aquellas vidas. Soporta a un alcohólico y encima hazle la comidita todos los días.
Los del primero izquierda, que eran una pareja de mediana edad con dos niños, se han ido sin pagar la renta. Una rubiasca con cara de mala leche que caía fatal a todo el mundo. Y el marido, otro soplanucas de la misma cuerda. Con las llaves del coche siempre en la mano y una melenita estúpida y rizada, lo cual es intolerable. Su casa se llenaba de gente, seguramente porque también vendían drogas, o a lo mejor eran amigos, igual de babosos que ellos.
La pobre vecina del quinto es viuda y tiene un hijo mongoloide. Una pena. Seguramente se salve de la quema. El chaval fundará un nuevo hogar con una novia gordísima que tiene y serán los dos tan infelices como el resto. A fin de cuentas, es a lo que todos aspiran.
Ciertamente hay mucho tonto rematado. Pero también hay algunos cabales. La del segundo derecha es una joven viuda con dos hijos, niño y niña, y es muy simpática, buena gente. Recuerdo cuando el chico cantaba a grito limpio canciones de moda realmente insoportables. Sin duda el niño es algo marica porque cualquiera no canta esas cosas. Por lo visto dejó de verse atraído por el mundo de la canción ligera y ahora tiene un perrito, cómo no, que molesta igualmente.
La gente es la gente. La vida es así. La vida es esto. Nadie quiere pagar el ascensor, por supuesto. Pero lo pagarán. Se oyen gritos durante todo el acto. Da lo mismo quién y cuánto griten, nadie hará caso de nadie pero todos acatarán y pagarán. El fontanero arreglará lo necesario para que no vuelva a haber goteras en ningún cerebro.
Dos horas de reunión y se masca la tragedia. Me conformo con trazar unas líneas más y rematar la obra que les muestro. Es suficiente y estoy cansado.
Solo quería mostrarles lo vulgar de esto que llaman vida. Una vida colmenera y ruin. El portal, los vecinos; todo tan entrañable. Esto, tan solo una muestra ligera, sin muchos más detalles, lo escribo en memoria de mis antiguos vecinos.
No sé, de todos modos creo que no hay futuro sin reunión de vecinos. Ahora ya no queda nada. Adiós.
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